RetrocesoA&ONº 279/1-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Algunos de los comportamientos profesionales de la mayoría, por no decir todos, de los llamados medios de comunicación social españoles de hoy, constituyen para mí un auténtico misterio. Doloroso. Se pasan la vida pidiendo, por ejemplo, a la Conferencia Episcopal Española, una toma de posición concreta sobre las opiniones políticas de determinado obispo; y cuando la Conferencia Episcopal, en este caso con absoluta nitidez y rapidez de reacción, hace público ese comunicado, prácticamente ningún medio lo publica. No sólo no lo publican, sino que siguen diciendo lo que les da la gana, desconociendo, por completo, lo que le habían exigido a la Conferencia Episcopal. ¡Misterio! Esto hace sospechar que, en realidad, lo único que les importa es decir lo que ellos quieren decir, y que la exigencia de esclarecimientos es mera careta, excusa o camelo. O sea, un deleznable paripé profesional. No quieren, o no les interesa, diferenciar cuándo alguien habla en nombre de la Iglesia, o cuando alguien habla representándose únicamente a sí mismo, a lo que tiene todo el derecho democrático del mundo; el mismo que los demás a no estar de acuerdo. Evidentemente, como muy bien dice don José María Setién, la identidad nacional no debe ser "el resultado de una imposición estatal". Obvio: de ningún Estado, tampoco del pretendidamente vasco, sino "un producto del ejercicio de las libertades". Lo que pasa es que en ese ejercicio de las libertades se puede uno quedar mostrenca y paletamente en los límites del propio txoko, o ser católico, es decir, universal. Ya Maquiavelo se carcajeaba del campanilismo de quienes no son capaces de oír otras campanas que las de su pueblo. Hay quienes, inequívocamente progresistas, rinden homenaje a quienes, según ellos, jamás cuestionaron a la Iglesia; pero no caen en la cuenta de que hay muchas formas de cuestionar a la Iglesia: por ejemplo, permitiendo cosas que cuestionan a la Iglesia, o tolerando y favoreciendo que otras personas que no son ellos cuestionen a la Iglesia. Eso es mucho más sibilino y peligroso que enseñar el plumero abierta y descaradamente, como hace por ejemplo un tal Fernando Iwasaki, que escribe cosas tan peregrinas como que "la doctrina católica jamás ha considerado iguales a los hombres"; o como que, "sin un enemigo que machacar (sic) desde la fe, España no existiría como nación". Son sandeces tan de bulto que se desacreditan por sí solas.

Se celebra con éxito rotundo un congreso católico sobre medios de comunicación, y la mayoría de los medios de comunicación y de los controladores de medios de comunicación, que más que medios quieren ser fines -ellos sabrán por qué-, deciden que no quieren enterarse. Difícilmente cabe mayor fracaso en el intento de ocultar información. Hay silencios clamorosos. ¡Otro misterio! También doloroso. Aunque menos.

Gonzalo de Berceo