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Desde aquí, desde mi casa, poco puedo hacer para evitar que los aviones surquen los cielos de Afganistán, o que sus bombas golpeen la tierra, o que los soldados se batan cuerpo a cuerpo entre sí, o que una amenaza mayor e irreparable se cierna sobre el mundo entero. No puedo evitar físicamente que mueran inocentes ni que mueran culpables. Así que he decidido que ésa no es mi guerra. Pero no me rindo a dejar de combatir. No me rindo a que la vida sea amenazada, ni me rindo a que esta vida sea el infierno, porque creo que ésta vida puede convertirse en el cielo. Por ello he decidido hacer la guerra del amor. Mi guerra es psicológica, mental. He decidido que éste es el momento que la Historia nos ofrece para que cambien el hombre y el mundo. No acudiré a manifestaciones en las que se odia a buenos y malos que hacen la guerra y se pide el fin de la guerra sin proponer soluciones a la maldad. El odio, por sí mismo, ya es guerra, porque no es amor. Por ello he decidido hacer la guerra del amor. (¡Qué fácil es decir guerra y qué miedo nos da decir amor!)Ben Laden y los suyos no necesitan más odio, porque un incendio no se puede apagar con fuego. He decidido que ha llegado el momento de hacer uso de la razón, y de sorprender a los que odian, amándolos. He decidido dejar de caer en su trampa y dejar de alimentarlos y fortalecerlos. El hecho de que mirar el periódico o el telediario y ver el rostro de Ben Laden o de los suyos me produzca una grave quemadura en mi mente y en mi corazón, se debe a que desde allí, desde algún rincón escondido de las montañas de Afganistán, Ben Laden y los suyos han enviado influencias negativas a todo el mundo. Ellos son los inteligentes, pero nosotros podemos ser los razonables. Odiar a Ben Laden y los suyos sólo les beneficia a ellos, agranda el incendio y satisface estúpidamente mi propio orgullo traidor; no soluciona ningún problema y perjudica a la conciencia de la tierra y a la de todos los hombres. En lugar de pedir el fin de la guerra y de practicar el derecho a la libre expresión con la palabra y el acto pasivo, prefiero quedarme en silencio, conmigo mismo o con un grupo de cientos o miles de personas y concentrar en lamente un mismo pensamiento, una misma oración: la del amor a los enemigos. (¿Quién dijo esto tan razonable?) Echemos millones de cubos de agua sobre el incendio. |
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Igual que Ben Laden y los suyos han logrado hacer llegar sus influencias negativas a nuestra mente y nuestro corazón desde tan lejos, nosotros también podemos hacerles llegar las nuestras. Ellos dicen: ¡Odiadnos!, y su poder mental nos domina, y los odiamos. Pero ahora conocemos ese poder, y nuestros pensamientos llevarán influencias positivas para contrarrestar aquéllas, pero necesitamos que miles, cientos y millones de personas hagan lo mismo a cada instante, diciendo mentalmente... Te amo (sin necesidad de compartir sus atrocidades, por favor). ¡Qué inmenso daño hacemos a todos, y a nosotros mismos, y a la tierra, y a la vida, cuando millones y millones de personas generamos al mismo tiempo pensamientos de venganza, de muerte y de odio! Nuestras conciencias hacen una gran conciencia, la de la Humanidad, y ésta, dejándose tocar por el odio, es la que crea nuestra perdición... aunque puede crear nuestra salvación. Sorprendámosles en nuestra guerra silenciosa; ellos no esperan que los amemos; desarmémoslos. Mientras no podamos evitar otras guerras, hagamos nosotros que esta guerra silenciosa, con el arma del amor, sea la más efectiva, porque sólo ataca al objetivo concreto, y además no mata a nadie.
Es el momento de empezar a creer que la mente del hombre, al igual que ha conseguido crear todo este caos actual, es más poderosa que todo el potencial militar de un país comoEstados Unidos. Con agua se vence al fuego, con vida se vence a la muerte, y al odio se le vence con amor.Es una guerra de energías. La energía del odio se ha materializado en aviones suicidas. Apaguemos el fuego con agua y ninguna llama podrá quemarnos. Es preciso que la conciencia de cada uno se armonice con la energía que usamos para estar vivos, que se adapte a esa pureza y no la contamine con el desvarío de la mente inconsciente arrastrada por el orgullo.Es la única manera de contribuir a la armonía de la conciencia de la Humanidad para que superemos, por fin, el límite entre la negatividad y la positividad. Salta a la vista que durante 2.000 años, desde el primer toque, nuestra conciencia y nuestra evolución no se han desarrollado en la misma vibración que esa energía del amor que está en nosotros mismos y que Dios nos ha regalado en forma de vida, y de la cual hemos perdido completamente la consciencia. ¡Ya es hora de respirar amor, de pensar en términos de amor, de hablar de amor...! Ya es hora de pensar en lo de Ama a tus enemigos... como dice el Nazareno. Pablo Rivas Calvar |