RetrocesoA&ONº 280/8-XI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
¿Y si la respuesta es Dios?
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

El crepúsculo de los astros, y de las ideologías, después del once de septiembre, alumbra la intuición de algún error de principio, parafraseando a Hegel. André Glucksman nos había dicho que salir del comunismo era volver a la Historia. Ya veremos cómo salimos del terrorismo, del mal, en esta intrahistoria. Quizá la mirada sobre lo esencial, sobre los principios, nos resuelva más de un dolor de cabeza. Emergen en estos mares revueltos de la Historia, en el panorama periodístico, disputas de antaño, recicladas en el tamiz del presente. El diario La Vanguardia ofrece, desde hace varias semanas, una de las más interesantes polémicas que nacen del análisis de la situación mundial. Una polémica sobre Dios y el nombre de Dios, sobre la religión y el nombre de la religión. ¿Qué será de una sociedad, y de una cultura, en la que los columnistas se transformen en teólogos y los teólogos en columnistas?

Josep Miró i Ardèvol, en una columna titulada ¿Y si la respuesta es Dios?, aparecida el día 29 de octubre, señalaba: "Después del 11 de septiembre, la tentación de excluir al otro, el tú sobras, como manera de señalar al culpable, resulta irrefrenable. Para unos sobran los estadounidenses, para otros los musulmanes, y, aprovechando el desaguisado, surge el oportunista que quiere excluir a Dios, como responsable de todos los males, proclamando con extraña inocencia la bondad benévola del ateísmo. Esto es lo que intentaba Gregorio Morán en ¿Y si el problema es Dios? Claro que no existe originalidad en el intento. Simplemente, digámoslo así, se inspiraba en un artículo previo de José Saramago. Nadie puede sorprenderse del razonamiento de Morán o de su precursor: ambos comparten el comunismo como fundamento cultural originario. Y esto, lógicamente, limita y condiciona la capacidad para interpretar los hechos. Por tanto, no cabe la sorpresa ante su discurso, pero sí en su atrevimiento, porque el siglo XX ya ha mostrado los resultados de la liquidación de Dios.

Ante esa máquina de la razón de Estado, justificada en nombre de un mundo mejor, sólo existió una defensa: la lucha por la religión, constructora de la conciencia personal, fundamento ético del Estado y horizonte de sentido de la democracia, como han explicado Masaryk y Havel. Y en eso estamos, porque éstos son los hechos ante los que nadie, incluido Morán, puede mirar hacia otro lado. Los hechos dicen que el siglo XX, como escribe Andrea Ricardi, es el siglo de los mártires. De los mártires cristianos, los que mueren sin matar. Y por eso es también el siglo de los grandes exterminios practicados por los que quieren culpar a Dios de nuestros desatinos humanos".

Carlos Sentís recoge el testigo y nos habla de Dios como pretexto, en un artículo de Opinión publicado el pasado 2 de noviembre: "Hemos leído últimamente entre nosotros que sólo invocando a Dios se han llevado a término grandes matanzas. Y, sin embargo, no hace falta remontarse más allá del siglo apenas concluido para comprobar que los dos grandes matarifes que lo llenaron de cadáveres, Hitler y Stalin, coincidieron en el anticristianismo y antirreligiosidad. En tiempos de Kruschev visité en Moscú el museo del ateísmo; con unción antirreligiosa me condujo una guía. ¿Qué se ha hecho de él? No se ha vuelto a la Santa Rusia, pero a Putin —ya empezó Yeltsin— se le ve a menudo en actos litúrgicos. Muchas iglesias cerradas han vuelto al culto como el encuentro con la paz. Hasta en China, que fue de Mao, resurgen hoy las creencias religiosas. Tampoco en aquella otra, un día avanzada, civilización fueron instrumento de lucha. En la sangrienta guerra civil china —puestos a no movernos del siglo pasado— se enfrentaron Chiang Kai Shek y Mao. Ninguno de los dos invocó divinidad alguna. El primero, la República creada en 1911 por Sun Yat Sen, y el segundo, el más rotundo comunismo. Pasando de lo universal a lo particular, entre nosotros han sorprendido, por contraste ambiental, escritos en la prensa que difieren de la tolerancia entre credos y falta de ellos. Esta aceptación de la creencia del otro es una de las bases de nuestra actual —de veinte años para acá— convivencia. Por algo Clinton, a su paso por Barcelona, señaló que talibán y catalán vienen a ser conceptos antitéticos. Una caricatura de la preocupación por evitar los choques, aunque fueran verbales, se demostró en el Ayuntamiento de Reus. Creo que fue a finales del XIX. El alcalde quiso terminar una discusión entre concejales sometiendo a votación la existencia de Dios. En Riudoms, durante mi niñez, se hablaba de ello como cosa no tan pretérita. El caso, sin embargo, es que no recuerdo quiénes ganaron la votación".

Alan Wolfe, el pasado domingo, ofrecía a los lectores un amplio reportaje sobre la religión en la sociedad norteamericana. El encefalograma del fenómeno religioso no mostraba más oscilaciones que las siguientes: "Antes del 11 de septiembre, ya había en Estados Unidos más musulmanes que episcopalianos. Ya había especialistas que intentaban llegar a un sustituto de judeocristiano que abarcara esa nueva realidad; abrahámico era el principal candidato, puesto que los musulmanes, como los judíos y los cristianos, hacen remontar sus orígenes hasta la figura de Abraham. Si bien este término tiene limitaciones —no engloba el hinduismo, el budismo ni muchas otras religiones practicadas hoy en día por un gran número de estadounidenses—, continúa el prolongado proceso de reconocimiento de la diversidad religiosa que caracteriza la sociedad estadounidense. Cuando el Presidente Bush habló el 17 de septiembre en una mezquita de Washington y elogió a los musulmanes por su valiosísima contribución a nuestro país, sus palabras pudieron interpretarse como un reconocimiento oficial de unos Estados Unidos posjudeocristianos. (Y cuando, tras los asesinatos de varios sijs, invitó a un grupo de ellos a la Casa Blanca para tranquilizarlos, dejó también atrás la religión abrahámica.) Ha hecho falta un ataque perpetrado por terroristas de Oriente Próximo para que los estadounidenses se percataran de que en su país viven muchos musulmanes pacíficos, trabajadores y respetuosos de la ley".

San Agustín escribió aquello de que "si no puedes comprender qué es Dios, no pienses que es poca cosa saber qué no es". Quizá nos haga más falta que nunca, en esta serie propedéutica, la docta ignorancia de Nicolás de Cusa. Bienvenida sea.