RetrocesoA&ONº 280/8-XI-2001SumarioCriteriosContinuar
Una nueva cultura
La Iglesia se comprende a sí misma cada vez con más claridad como el Pueblo de la vida y para la vida.

Para hacer creíble el amor fiel y el aprecio de la vida humana en todo su desarrollo hemos de saber vivirlo y saber construir una verdadera cultura de la familia y de la vida. Es el desafío que se abre a la nueva evangelización como respuesta a la mirada de fe a nuestro tiempo.

Esta decisión supone devolver a las familias su capacidad de construirse en medio de circunstancias a veces adversas, hacerlas conscientes del propio protagonismo en la comunión de personas que quieren vivir, y del modo como su amor mutuo hace surgir una variedad de iniciativas para realizarlo. Supone, también, tener en cuenta los medios adecuados para el reconocimiento público de la importancia de la familia en la configuración de la sociedad. Es necesario que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo sean conscientes de que están convocados a colaborar en esta tan noble como indispensable tarea.

Igualmente, la vida humana no sólo debe ser acogida con amor en el interior de la familia como el don más grande de Dios; también se debe buscar su defensa explícita en las leyes que configuran nuestro ordenamiento social. Si falta una adecuada defensa de la vida y no se respeta el valor sagrado de cada vida humana, constitutivo básico del bien común social, las relaciones sociales se resienten y quedan a merced de un relativismo amenazador. La función social de las familias está llamada a manifestarse también en la forma de intervención política, es decir, en que las leyes e instituciones del Estado sostengan y defiendan los derechos y los deberes de la familia.

Defender y promover la familia y la vida humana es la tarea que se abre a nuestra Iglesia en el comienzo del siglo XXI como un camino largo, pero cargado de esperanza en la construcción del futuro.

del documento
de los obispos españoles
La familia, santuario de la vida
y esperanza de la sociedad