RetrocesoA&ONº 280/8-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Puente de Todos los Santos. Voy tomando el sol tranquilamente y escuchando la radio. Paso de emisora a emisora. De repente me encuentro con una entrevista al Secretario General del PSOE, señor Rodríguez Zapatero. Escucho atentamente. Tanto él como su entrevistador, Fernando Delgado, entre loas recíprocas, se llenan la boca con la proclamación a toda costa de lo laico: "No hay que sacralizar"; "Hay que acabar con los dogmas"...; menos, curiosamente, por lo que se ve, con algunos, que ellos consideran dogmas; por ejemplo, cuando se trata de calificar a la ciudadanía —esa palabra que tanto le gusta al líder socialista—, o a lo liberal, o a lo que para ellos es lo mismo, lo progre. ¿A que no adivinan ustedes que calificativo le ponen a eso? Pues miren ustedes por donde, eso, para ellos, es exactamente lo contrario de lo laico: es sagrado. Ahí queda eso.

Ha llegado a mis manos un libro editado por Espasa y titulado Si los curas y frailes supieran... Su autor es Javier Figuero, "apartado —como se lee en la solapa— desde hace unos años del periodismo activo, para escribir esta particular Historia de España..." Toma, y tan particular; pero tanto, tanto, tanto, que el subtítulo del libro es nada menos que Una Historia de España escrita por Dios y contra Dios. No sabe uno de qué asombrarse más, si de tanta humildad o de tanta memez e incongruencia. Este pobre autor pretende "llenar un vacío" recogiendo minuciosamente todo lo pecadores que han sido algunos hombres y mujeres de la Iglesia católica, y no se da cuenta el hombre de que justamente ahí está su grandeza: si la Iglesia católica no fuéramos más que los hombres y mujeres pecadores que la componemos, haría siglos que habría desaparecido, como tantas otras instituciones que, seguramente, Figuero adora, y que ya no están. Pero la Iglesia no es eso sólo, y libros como éste, que en realidad no es un libro sino un cubo de la basura, lo único que hacen, mal que les pese al autor y al editor, es resaltar la grandeza inmensa e imperecedera de la Iglesia, que tiene para siempre la palabra y la promesa de su Señor: "No prevalecerán". Las puertas del infierno, las fuerzas del mal, no prevalecerán contra ella. Escribir sobre la libertad desde el rencor, desde la frustración y el resentimiento, o, en el mejor de los casos, desde el sectarismo o desde la ignorancia culpable, es como querer hacer un círculo cuadrado. Es todo, menos libertad.

Leo en La Vanguardia: "Michael Irwing es un inglés muy grande y sonriente, un hombrón que se lleva muy bien con la vida". A continuación leo lo que dice este inglés grande y sonriente, y que el periódico pone como título: He practicado unas cincuenta eutanasias. Más abajo dice que cree en Dios, y que Él nos da la vida para que la gestionemos nosotros. Pero, santo Dios, ¿cómo se puede tener tanto cacao mental? Si se reconoce que la vida no es nuestra sino que Dios nos la da, ¿cómo alguien puede luego ufanarse de haber practicado cincuenta eutanasias?

Gonzalo de Berceo