RetrocesoA&ONº 280/8-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
Entrevista al teólogo moralista profesor Livio Melina
La plenitud del obrar cristiano
Es éste el título, editado por Palabra, del libro presentado el pasado 30 de octubre en la Facultad de Teología
San Dámaso
de Madrid. Sus autores son el profesor de Teología Moral del Pontificio Instituto
Juan Pablo II en Roma, doctor Livio Melina, junto con José Noriega y Juan José Pérez-Soba,
de la Facultad de Teología San Dámaso. El doctor Melina, con motivo de la presentación,
pronunció la conferencia Un haz de luz para la renovación moral, que sintetiza en esta entrevista
Benjamín R. Manzanares

Cómo explicaría la situación de la reflexión de la teología moral en la actualidad?

Los teólogos moralistas han sido invitados por el Concilio Vaticano II, y después provocados por la misma situación eclesial y social, a un gran esfuerzo de renovación de la teología moral, gracias a lo cual se ha enriquecido notablemente su profundidad. Pero también, en este esfuerzo de renovación, hay tensiones, momentos de dificultad en algunos planteamientos que, buscando acercarse al sentir de la sociedad, a veces secularizado y muy lejano de la fe cristiana, pueden acabar por alejarse de lo que es el sentido pleno del actuar moral cristiano. En particular, se ha desarrollado una acentuación de la dimensión autónoma del obrar, una acentuación de la conciencia como instancia subjetivamente autónoma respecto a cualquier autoridad moral. Este planteamiento ha llevado a transformar lo que podía ser una tensión fecunda en una contradicción, de principio, entre la teología y la enseñanza del Magisterio. Algunos intentos de renovación se han encontrado después, por el tipo de camino recorrido, en un rumbo de colisión con algunas declaraciones y afirmaciones que el Magisterio venía haciendo.

¿Qué valor ha tenido en este contexto la encíclica Veritatis splendor?

Es muy difícil dar una respuesta unívoca o resolutiva, ya que se trata de un documento cuya recepción está todavía en camino. Creo que el documento tiene niveles diversos de propuesta y enseñanza para los teólogos moralistas, para los pastores y el pueblo cristiano. Se encuentra en la encíclica una enseñanza de algunos elementos de la doctrina moral de la Iglesia que habían sido contestados y puestos en crisis. En este sentido, la parte central de la encíclica ofrece las aclaraciones doctrinales necesarias para remediar algunas posiciones erróneas. Pero, sobre todo, el primer y tercer capítulos ofrecen algo más decisivo e importante, cuya asimilación precisa más tiempo, ya que se refiere al marco teológico del actuar moral cristiano.

¿Se puede hablar de una pérdida en la reflexión teológica y en la vivencia cristiana de la unión entre libertad y verdad, entre fe y moral?

Son los dos puntos precisamente de la crisis en la teología moral que la Veritatis splendor denuncia. El primer aspecto, la ruptura del nexo entre libertad y verdad, da origen en la teología moral a un legalismo: el modo de entender el actuar moral cristiano desde el exterior, por lo que intenta regularlo sólo sobre la base de una ley exterior, que es vista como expresión de la voluntad de un legislador. Pero lo hace sin poner en contacto más profundamente esta ley con la verdad sobre el bien que atrae y hace madurar la libertad misma del sujeto. La ruptura del nexo libertad-verdad plantea un conflicto de principio entre el individuo y la ley, y una alternativa entre conciencia y ley. Es una ruptura nefasta que la teología moral tiene la tarea de superar, volviendo a encontrar la unidad profunda del bien moral en cuanto bien de la persona.

Por lo que respecta, a la ruptura del nexo entre fe y moral, impide acoger la dimensión teológica del actuar moral del cristiano, abandonándolo a una interpretación puramente naturalista, con una referencia exterior a Cristo. Así se acaba perdiendo, en el actuar moral cristiano, el papel que juega el dinamismo del amor, que es el dinamismo profundo que une el actuar con su objetivo último: la comunión con Dios y con los hermanos.

¿Qué aplicación de estos principios se está haciendo hoy en la pastoral del sacramento de la Penitencia?

Me parece que, desde el punto de vista pastoral, este tipo de planteamiento que viene sugerido por la Veritatis splendor —y entre otras también por la formulación de la moral que viene sugerida y propuesta por el libro que presentamos— es un tipo de moral que se preocupa no simplemente de lo que se debe hacer legalmente, o de lo que no se debe hacer, como antaño la moral fue concebida en un modo restrictivo —lo que no se debe hacer, lo que está prohibido—, sino que se preocupa más bien de proponer a la persona un dinamismo hacia una vida buena que es una vida de comunión. Proponiendo este ideal que es verdaderamente atractivo, se propone también formar en el sujeto esas disposiciones operativas estables que le permitan alcanzar esta meta. La tarea, por tanto, no es simplemente proponer las normas morales negativas, prohibitivas, que tienen su propio valor, sino sobre todo hacerse cargo de una educación moral integral que, pasando a través de una conversión, ayude a hacer crecer el sujeto moral mismo.

¿Qué análisis hace, desde la teología moral, de los acontecimientos del 11 de septiembre?

Estimulan a una reflexión de carácter muy radical sobre el sentido del obrar humano: ¿tiene significado el obrar humano frente al misterio del mal que puede destruir de un momento a otro la vida de otras personas? Frente a la insidia de la nada que destruye la propia vida y la de otros, el problema fundamental es volver a encontrar el propio origen, custodiado en el don de un amor que sostiene la propia vida y le da un sentido. Esos hechos indican, sobre todo, la necesidad de una educación que parta del significado fundamental de la vida.

Hay otra reflexión: la diferencia entre el martirio cristiano y la violencia terrorista que se impone sobre otros. El cristiano vive el empeño de dar testimonio, por el cual está dispuesto a dar la vida, pero su testimonio respeta la libertad de los otros, está llamado a respetar la libertad de los otros, y por lo tanto se ofrece a la libertad de los otros indefensa, pero cierta de sus fundamentos. El cristiano no es nunca un fundamentalista. En los actos de los que hemos tenido una experiencia visible terrorífica, la presunta verdad se ha querido afirmar contra la libertad de los otros, negando no sólo el sentido de la propia vida, sino también la vida de los otros. Para el cristiano, el sentido de la propia acción es siempre testimonio y nunca violencia.

Estados Unidos bombardea Afganistán

Nunca os habéis imaginado qué pasaría si vuestra televisión hablase? Si eso ocurriera, se pondría como la televisión del dibujo, sin palabras para explicar toda la tensión que vive el mundo actualmente en medio de una guerra contra el terrorismo. Condenada a retransmitir imágenes de dolor, no podría evitar llorar.

A veces uno tiene la sensación de estar dentro de una película de ciencia ficción, donde las bombas no matan y los muertos son de mentira. Pero hay algo que debemos tener claro: estamos hablando de personas de verdad, de un pueblo que sufre y pasa hambre. En realidad, el poder está sólo en manos de unos pocos. A veces corremos el peligro de olvidarnos de esto, pues lo que nos ofrecen por televisión, tan moderno y sofisticado, parece sacado del cine. Pero no nos engañemos: las fotografías por satélite, los misiles, el láser… tienen los mismos propósitos que una flecha de la Edad Media, y es acabar con vidas humanas.

Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y el avión destrozado en Pennsilvania, el mundo se levantó, entre atemorizado y furioso, y pidió justicia. Los ataques de Estados Unidos a Afganistán, donde se encuentran los terroristas, se han llamado legítima defensa. Los objetivos son sólo militares, aunque siempre en estos casos se corre el peligro de alcanzar a hombres, mujeres y niños inocentes. Por este motivo el Papa, al comenzar los ataques, decía: "Quiero compartir con vosotros y confiar al Señor la angustia y la preocupación que suscita en nosotros este delicado momento de la vida internacional".

Ante la amenaza de nuevos atentados terroristas, el mundo tiene que responder. Pero debemos rezar y pedir la paz para que todo el sufrimiento de esto que llaman guerra acabe cuanto antes. Actuar como decían los obispos estadounidenses: "En medio del conflicto, oramos por la paz. En lugar del terrorismo, buscamos la justicia. En respuesta al odio, ofrecemos amor. En un tiempo de prueba, nos volvemos a Dios como nuestro refugio y fortaleza, para que nos muestre la senda de la curación, reconciliación y paz".