RetrocesoA&ONº 280/8-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Sufrir y amar, amar y sufrir
El pasado domingo, día 4 de noviembre, fue beatificada en Roma la Madre María Pilar Izquierdo Albero, fundadora de la Obra Misionera de Jesús y María. Había nacido en 1906 y murió en 1945, nada más cumplir los 39 años. Su vida está llena de hechos de naturaleza extraordinaria, de enfermedades misteriosas, de curaciones inexplicables y de fenómenos místicos y carisma, que al principio suscitaron admiración y después desengaño y abandono. Y muchas cosas más…

No pretendo en estas líneas contar los hechos y acontecimientos de una vida breve, pero intensa. Para ello remito al libro de inminente aparición en la editorial Desclée de Brouwer, titulado Sufrir y amar, amar y sufrir (Beata María Pilar Izquierdo).

Importantes purpurados se opusieron en su día, así como religiosas cualificadas de una determinada congregación, a la beatificación de María Pilar Izquierdo. Sin embargo, el proceso llevado a cabo ha sido riguroso y, después del oportuno discernimiento de las declaraciones, escritos y documentos aportados, que llevaron a cabo quienes recibieron dicha encomienda, el Papa Juan Pablo II, con su autoridad suprema en la Iglesia, ha decidido proponer a la nueva Beata como modelo de virtudes teologales y cardinales.

María Pilar Izquierdo tuvo que sufrir injurias, calumnias, maledicencias durante su vida, e incluso después de muerta…, ¡y hasta después de que el Papa fijara hace menos de cuatro meses la fecha de su solemne beatificación! Sufrir y amar, amar y sufrir: en lo que encierran esas dos palabras puede resumirse la corta vida de la nueva Beata. Estuvo diez años enferma, paralítica, ciega, sorda, y siendo además analfabeta, porque la pobreza de su familia le impidió asistir a la escuela, llegó a dirigir, desde su postración, espíritus de sacerdotes, religiosos, jóvenes de uno y otro sexo. Con un pequeño grupo —el rebañico, como se denominaba a quienes acudían a aquella buhardilla que llegó a hacerse famosa en Zaragoza—, se ofreció para evangelizar los suburbios madrileños en la inmediata posguerra.

Hoy, los frutos de fecundidad, tras una noche oscura, continúan en la Obra Misionera de Jesús y María, fundada por ella, aunque no lograra verla reconocida.

Miguel de Santiago