|
|
Frente a la concepción tradicional de la familia con subordinación de la mujer al varón y diversidad funcional, hay que partir del matrimonio de iguales: los cónyuges son iguales en derechos y en deberes; el padre y la madre tienen los mismos derechos e idénticas responsabilidades respecto a los hijos. Frente a las manifestaciones propias de una cultura individualista en las relaciones humanas: el simple enamoramiento como sentimiento de atracción hacia otra persona y la maternidad-paternidad en solitario, el núcleo esencial de la concepción comunitarista reside en el compromiso moral y jurídico de fidelidad en el matrimonio, y en la exigencia de la familia de dos padres para la adecuada formación de los hijos.
El fortalecimiento del matrimonio sugiere su reconocimiento como una opción social preferente: hay que dejar de considerarlo como una opción privada más, y verlo como lo que es: un compromiso público, un ideal moral y una institución social; de ahí la necesidad, ante todo, de tener claro el puesto que ocupa en el entramado social, y a la vez de analizar los efectos generales del matrimonio; por ejemplo, el cálculo del coste público de los fracasos matrimoniales, la política fiscal que debe no penalizar, sino ayudar a fortalecer el matrimonio y los hijos, así como la legislación del divorcio y sus posibles reformas, y, desde luego, las repercusiones económicas y sociales de las ayudas y protección públicas a las parejas no casadas y a la relación entre padre-madre soltero e hijos, en comparación con la atención que se presta al matrimonio con hijos y a las familias numerosas. El fortalecimiento del matrimonio exige poner de manifiesto que la fidelidad al compromiso matrimonial es la única garantía para el amor duradero entre los cónyuges y su proyecto de vida en común. |
|
Cuanto más tiempo se lleva casado, más interdependientes se hacen las vidas, y el daño de una separación legal es también mayor. Esto supone contemplar al divorcio como algo que pertenece a la patología matrimonial. Lo apuntado lleva a que, por ejemplo, el cumplimiento de la obligación alimenticia, la institución de la patria potestad, la de la tutela, la adopción
, hayan de ser contemplados con visión profunda, de alcance. Aspectos como los de la empresa familiar y la vivienda familiar merecen atención específica.
Si lo expuesto se repasa y se reposa, pienso que rotundamente descartaremos la pretensión llena de inocencia ignorante en más de uno de que se permita el matrimonio a los homosexuales (Holanda tiene mucho que imitar, mas no es ejemplar en cuestiones de moral). Los componentes de las familias han de actuar con responsabilidad y coherencia: hemos de percatarnos de que la familia que actúa cohesionadamente constituye una unidad de decisión fundamental en lo económico y en lo social. La actividad en el hogar atiende a menores, discapaces, hijos sin trabajo en muchos casos, a los ancianos. Ésta es una familia que funciona, porque cumple con las funciones que la sociedad le demanda; es una familia saludable, dice el sociólogo don José Pérez Adán. La actividad en el hogar es modelo que se proyecta al exterior: cuando a Mar Raventós Presidenta del Grupo Codorniu le preguntan: "¿Cómo hace para dirigir la empresa familiar?", responde: "Aplicar lo que en el hogar hago y aprendo; éste es la mejor escuela de negocios, porque el hogar se hace día a día". Invirtamos en la familia: que los poderes públicos se percaten, crean en ella y, consecuentes, programen una política familiar eficaz, firme y clara: no da lo mismo, no es lo mismo, la familia funcional que una unión de hecho quebradiza sin más, ni que una estructura integrada por mujer soltera, con hijos y con subvención pública. Víctor Manuel Garrido de Palma |