RetrocesoA&ONº 281/15-XI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
La familia: bien, gracias
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

Dice el refrán popular que familia sólo hay una, y nos la hemos encontrado en los periódicos. El 20 de noviembre de 1995, el sociólogo Amitai Etzioni publicaba, en el diario The Weekly Standard, un artículo en el que decía: "Sin un acuerdo básico sobre lo que constituye y conforma la familia, no se pueden argumentar ni sólidas políticas ni una básica mejora social". Al fin, la propuesta de un, hasta ahora supuesto —puedo prometer y prometo—, Plan Integral de Apoyo a la Familia nos ha traído al ruedo ibérico de las ocupaciones una Tercera de ABC del mismísimo Presidente del Gobierno, don José María Aznar, el pasado domingo, en la que, con el título Cuidar la familia, escribía: "La familia no está en crisis. Nunca lo ha estado. Pero es una realidad dinámica que se ha de adaptar a los cambios que la rodean y que necesitan apoyo. Sus espacios de libertad para la toma de decisiones pueden ser ampliados y reforzados. Y es lo que nos proponemos con este Plan. Queremos llevar a la familia al centro de la acción política. La práctica totalidad de los españoles vivimos en una familia y, sin embargo, su presencia en el desarrollo de las políticas durante nuestra historia democrática no se ha correspondido con su importancia. Es el momento de que eso cambie".

Las informaciones sobre el citado Plan Aznar para la familia —¿y la vida?— no han sido muy abundantes. Decía la entradilla del diario El País, del viernes 9 de noviembre, en una información firmada por Ch. Nogueira y M. Aguirregomezcorta: "El Gobierno aprobó ayer el Plan Integral de Apoyo a la Familia para 2001-2004, en el que se establecen más de 50 medidas, sin fijar ningún tipo de dotación económica. El ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, dijo que se trata de una carta de navegación y que las asignaciones se irán fijando en los sucesivos presupuestos según se vayan aplicando las medidas".

El diario de Prensa Española ofrecía así la noticia: "El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Juan Carlos Aparicio, presentó ayer el Plan Integral de Apoyo a la Familia, que fue aprobado previamente por el Gobierno. El Plan recoge las actuaciones que llevará a cabo el Ejecutivo entre los años 2001 a 2004, entre ellas, iniciativas fiscales y de rentas, mejoras en las prestaciones de seguridad social por hijo a cargo, medidas de desarrollo de la Ley de Conciliación familiar y laboral, y una nueva ley de familias numerosas que sustituirá a la actual, de 1971. El Plan no especifica cuáles serán las ayudas fiscales de las que se beneficiarán las familias, ya que, según dijo el ministro de Trabajo, las medidas recogidas en el documento tendrán su reflejo cada año en los Presupuestos Generales del Estado; y las medidas fiscales están sujetas a la reforma del IRPF que prepara el Gobierno y que se prevé para el año 2003. Se trata de establecer un marco de prioridades para el período de 2001 a 2004. La estimación económica está hecha por cada Ministerio, pero es muy prematuro avanzar una cantidad global, dijo el ministro, quien adelantó que se incrementará en más de un 50 por ciento la cuantía de la prestación económica por nacimiento de tercer hijo, pasando de esta manera de las actuales 75.000 pesetas a más de 112.500".

Este nuevo Plan Aznar no ha traspasado la barrera del sonido de las informaciones hacia otros géneros. Editoriales, de los que se dice editoriales, pocos. Sólo, una vez más, la excepción del diario catalán La Vanguardia, en su edición del pasado viernes, señalaba lo siguiente: "España es el país con más baja natalidad de la Unión Europea, con una tasa de 1,2 hijos por familia, muy por debajo de los 2 hijos necesarios para que se garantice la denominada fertilidad a nivel de reemplazo, que asegura el equilibrio demográfico. En los niveles actuales, se estima que el país podría perder 10 millones de habitantes en el próximo medio siglo, con lo que quedaría únicamente una población nativa de 30 millones de personas. En estas condiciones, las ayudas y subvenciones públicas a las familias son de una necesidad obvia, y en este sentido se orienta el Plan Integral de Apoyo a la Familia, que ayer fue aprobado por el Consejo de Ministros. Es de subrayar que el Plan ha sido elaborado transversalmente, con la participación de diversos Ministerios. Gracias a ello, es de suponer que se asegura el correcto engranaje y la aplicación eficaz de las medidas propuestas, que si emanaran de un Ministerio podrían quedar bloqueadas en otras instancias del Gobierno. Los ambiciosos objetivos que, de manera generalista, se fijan en el Plan son sin duda loables, aunque también se ha de señalar que varios de ellos no pasan, por el momento, de ser una declaración de buenas intenciones, que habrá de concretarse en un futuro lo más próximo posible con especificaciones concretas. Es el caso de las ayudas especiales a las familias a partir del tercer hijo, o las mejoras en el tratamiento fiscal para el alquiler de viviendas, y lo mismo cabe señalar de la anunciada mejora de las pensiones de viudedad y orfandad, así como de otras medidas contenidas en el plan. De hecho, algunas de estas propuestas habían sido ya estudiadas por el Ministerio correspondiente y ahora han sido agrupadas en un único paquete de medidas. Es una forma legítima de marketing político que, insistamos en ello, ha de traducirse en cifras y porcentajes concretos, que tengan la suficiente entidad económica para que surtan el efecto deseable, que no es otro que prestar el apoyo suficiente para que las familias españolas puedan tener los hijos que deseen, antes que fomentar una política natalista, de resultados siempre discutibles si no media la voluntad de los ciudadanos".

Este Plan Integral de Apoyo a la Familia es razón necesaria, pero no suficiente, de una plan integral de apoyo a la familia. En la declaración final de Varese, del 10 de marzo de 1993, de la Reunión de políticos y legisladores de Europa, organizada por el Consejo Pontificio de la Famila, se decía: "Las políticas familiares y las legislaciones en que esas políticas cristalizan responden a un deber de justicia y deben inspirarse en el principio de solidaridad entre las generaciones. Por su misma naturaleza, no se pueden reducir a políticas fiscales de redistribución de beneficios ni a políticas de asistencia pública".

La familia: bien, gracias.