RetrocesoA&ONº 281/15-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
El tiempo y los tiempos
La conciencia perdida en nuestros días
La epidemia del olvido se ha infiltrado en el agugero negro de la conciencia
perdida de nuestro tiempo. En el reciente y discutivo libro de André Glucksmann,
La tercera muerte de Dios, editado por Kairós, se transcribe el siguiente
texto de Karl Barth, pronunciado el 23 de agosto de 1914, en los inicios
de la primera guerra mundial. El perspectivismo histórico, o se asienta
sobre las bases de un serio examen de conciencia, o se convierte en un juego
diletante de intelectuales atomizados. He aquí lo escrito por Barth,
para que el pasado no se entierre en el pasado
Henos aquí al principio de un tiempo de guerra. Y este tiempo de guerra es uno de los más graves de la historia del mundo. ¿Qué son todas las guerras pasadas en comparación con la que tiene lugar hoy? ¿Qué son las campañas de Napoleón o la guerra de los Treinta Años en Alemania comparadas con este formidable choque de pueblos que se prepara en la actualidad?… Lo que acaba de suceder no son más que primicias insignificantes, pero que nos pueden ayudar a imaginar lo que va a llegar. Jamás la muerte y la destrucción han estado tan organizadas, con tal precisión técnica y comercial, ni tan planificadas. Un gigantesco trabajo intelectual prepara y dirige a los ejércitos superpoderosos y sus medios de acción. La muerte se reserva una cosecha como la Humanidad europea nunca ha conocido. Todo ello será seguido por una fantástica regresión mental y moral, todos los que participan en la guerra depiertan las pasiones nacionalistas, el fanatismo de una conciencia bárbara: ¡Nosotros alemanes! ¡Nosotros franceses! Mientras que la gran verdad: Todos los hombres son hermanos flota en vano como una bruma inútil. Todos rezan, pero ¿para qué? Por la victoria de su pueblo. Por la santificación de sus armas. Cada uno reza por los suyos. ¿Qué pasaría si Dios se comportase como esos cristianos que le hacen rogativas? ¿Qué diría Jesús si regresase ahora y encontrase a sus discípulos entregados a esos rezos guerreros? La guerra que vivimos representa el juicio de Dios sobre nosotros. Nosotros, europeos, nos creemos en el buen camino. Parece lo más normal que estemos en la cima de la Humanidad, que seamos sus flores más bellas. Nos afanamos concienzudamente por mejorar nuestro bienestar y nuestra buena conducta. Sobrepasamos, y con mucho, a nuestros padres y abuelos, habían puesto a punto un sistema social tan sabio… Y hete aquí que hoy interviene Dios. Y nos dice de manera brutal, sin miramientos: ¡No, no vais por buen camino! Y nos envía su caballo rojo montado por un caballero despiadado, que con su espadón erradica la paz de esta tierra. Dios nos ha dicho: ¡No!, y la guerra nos ha sobrevenido. No nos ha caído de las estrellas. Por inesperada y fantasmagórica que parezca, proviene de nosotros, es el resultado natural de lo que hicimos y de lo que fuimos. Ahora nos pasa cuentas y no nos parece bien. Sí, somos más inteligentes y más poderosos que los salvajes primitivos y que nuestros abuelos, pero toda nuestra cultura no tiene nada que ver con la fraternidad, todos cultivamos la envidia, el egoismo (…) hasta que llega el necesario estallido del mal. Nuestro mundo no podría terminar de otra manera que a manos de la guerra y la muerte recíproca. Si debemos, una vez acabados los combates, perseverar como antes, aparecerán otros sucesos que nos recordarán que de dichos caminos no se puede esperar nada. El juicio, son todas las señales mediante las cuales Dios nos dice: "Vuestros caminos no son los míos, y vuestros pensamientos no son mis pensamientos".

Karl Barth