RetrocesoA&ONº 281/15-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
Cine
De Amor y de amores
Nos llega una película australiana multipremiada: Innocence, del director Paul Cox.
Trata del amor de una pareja de octogenarios. Pero en realidad es una interesante
reflexión sobre el amor en general. Claire y Andreas fueron novios en los años treinta.
Ahora se reencuentran: él es viudo y ella lleva cuarenta años casada.
Y se vuelven a enamorar. Pero ella quiere a su marido. El conflicto está servido
Amor: una de las palabras más utilizadas en nuestra cultura. Pocos vocablos tan polisémicos como él. Puede aludir a lo más noble y grande, o a lo más banal y rastrero. Se llama amor al sexo tanto como a la entrega heroica, tanto al más frágil sentimentalismo, como al afecto más recio. Paul Cox vio un día a sus padres caminando de la mano. Habían llevado una vida dura. Y ahora marchaban juntos en paz. Así surgió en el cineasta la idea de hacer Innocence.

El film está protagonizado por ancianos. Al director de cine Giménez-Rico, algún ejecutivo audiovisual le comentó una vez que no estaban de moda las películas de viejos. Afortunadamente, Giménez-Rico hizo caso omiso y se fue a rodar un film sobre ancianos basado en un texto de Luca de Tena, que llegará pronto a nuestras pantallas. Las películas de viejos son generalmente adorables. Y no suelen pasar de moda. ¿Recuerdan El estanque dorado?, y ¿Una historia verdadera? ¿O la maravillosa subtrama de ancianos de Solas? En realidad, cada vez estarán más de actualidad. Innocence es un ejemplo magnífico. Y la prueba es que, a pesar de su tercera edad, ya ha conseguido once premios internacionales en su corta carrera.

Cuenta la historia de un organista jubilado, Andreas Borg, que hace un descubrimiento: la primera novia que tuvo de joven, Claire, vive en su ciudad. Aquel amor fue apasionado y vivaz. Pero las circunstancias les alejaron al uno del otro. Han pasado cincuenta años. Él es ya viudo y vive atendido por su hija y una asistenta. Ella lleva cuarenta años casada y tiene un hijo médico. A pesar de todo, Andreas decide escribirle un carta. Y se citan. Y se vuelven a enamorar.

Aunque es imaginable la comicidad de muchas situaciones del film, éste no tiene nada de gracioso en un sentido profundo. Trata de responder a la pregunta ¿qué es el amor? El amor de pareja y el amor en general. ¿El amor es sentimentalismo?; ¿es adhesión a la vida?; ¿se puede llamar amor si infringe daño a terceros?... En ningún momento se aborda el matrimonio desde una perspectiva sacramental, pero tampoco hay asomo de frivolidad. "Hay que vivir por algo o por alguien, si no, la vida no tiene sentido", afirma la protagonista. Entiende el amor, pues, como una entrega que es condición esencial de la vida. "La felicidad es amar a todos y a todo; amar al mundo", afirma en el momento más crucial de su vida. Claire recorre un camino que va desde un amor confuso, probablemente sentimental, a una apertura global al ser que descubre en el límite mismo de su existencia. En realidad, lo que ella siente hacia su antiguo novio es fruto de una insatisfacción general ante la vida, la necesidad de vivir algo definitivamente significativo, aunque el camino que elige pueda ser erróneo. Los personajes hablan de la muerte del yo como algo más grave que la muerte física.

Interesante es la relación que Andreas mantiene con la religión. En principio es agnóstico, pero su búsqueda del amor le hace inclinarse a creer en Dios a veces. Son sugerentes los diálogos que mantiene con un sacerdote católico, así como la búsqueda del templo, como lugar donde poder llorar en paz.

No menos atractiva, aunque poco trabajada, es la figura de John, el marido de Claire, al que la circunstancia del increíble adulterio de su esposa le obliga a hacer un examen de conciencia y reconocer la rutina de su vida aparentemente controlada.

El cineasta Paul Cox reconoce estar marcado por una película que vio hace años y que no se le va de la cabeza: Sacrificio, de Tarkovski. Ése es su ideal de cine: "El cine es un regalo que te llevas a casa. Sé que Innocence es incapaz de ofender o de herir a nadie. Sólo puede enriquecer la vida. Esta película es un santuario. Esperemos que devuelva un poco de humanidad al cine". Así define el cineasta esta película, que aunque ambigua en su propuesta, es lo suficientemente inteligente y sincera como para destacar muy por encima de la media.

Juan Orellana