No hay trabajo más arduo en estas lides del periodismo que conjugar el tiempo, el tiempo verbal con el tiempo real. La periodicidad de un semanario es condición de su naturaleza. Al cierre de nuestra anterior edición, publicábamos el texto de condena del atentado con coche bomba en la calle cardenal Silíceo de Madrid. Horas después, la banda terrorista ETA asesinaba, en Bilbao, al magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya, don José María Lidón Corbi, también profesor de la Univerdad de Deusto. La memoria es el mejor antídoto contra la barbarie. Han pasado varios días, el tiempo discurre implacablemente por entre nuestras vidas, y las palabras de condena de tan vil atentado siguen teniendo el vigor y la fuerza de la verdad. En la homilía del funeral por el eterno descanso de don José María Lidón Corbi, el obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez, señaló que "la sociedad siente tantas veces la pesadumbre, el hastío, la sensación de impotencia, la vulnerabilidad, la indignación; los terroristas siembran muerte y horror por todas partes. Pero vencerán la justicia, la libertad y la paz, si en nuestro corazón triunfan la esperanza y la constancia en el rechazo inequívoco y sin fisuras del terrorismo. Aunque parezca que las palabras se desgastan y son insuficientes, no podemos dejar de expresar nuestra condena clara y enérgica, dando cauce a las convicciones más hondas de nuestra conciencia moral. Un asesinato, como el de ayer, quebranta la ley de Dios, vulnera el derecho fundamental a la vida, convierte a la persona en instrumento de presión, atenta contra el Estado de Derecho, y muestra una crueldad sin límites al matar a José María en presencia de su esposa Marisa y de Íñigo, su hijo". En otro momento, el obispo de Bilbao se refirió a ETA con estas palabras: "La disolución de la organziación terrorista ETA es necesidad fundamental y prioritaria para que nuestro pueblo consiga la plena normalización. Mientras haya personas amenazadas, familias que viven con miedo, profesionales que ponen en peligro su vida por cumplir honradamente su trabajo, representantes elegidos democráticamente por la sociedad que están perseguidos..., no cesaremos de reclamar con serenidad y valentía la paz y la libertad. La organización terrorista, y la ideología terrible que la sustenta, dañan las raíces más nobles de nuestro pueblo. ¡Que el Señor toque su corazón y lo cambie para reconocer su gravísisma inmoralidad y convivir respetuosamente!" Hay palabras que, por mucho que pase el tiempo, siguen teniendo la vigencia del valor de su verdad. Por mucho que pase el tiempo...
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