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Se celebra en Italia la Jornada de Acción de Gracias por los frutos de la tierra y del trabajo humano. Evoca el ofertorio, en toda Eucaristía, del pan y del vino que se han de convertir en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La celebración de hoy amplía esta dimensión de oferta, invitándonos a no olvidar que la primera fuente de sustento y de bienestar es la divina Providencia. Danos hoy nuestro pan de cada día es el lema de la Jornada. Al enseñar esta oración a los discípulos, Cristo les invita a confiar en la bondad de Dios Padre, que disfruta dispensando a toda criatura, y especialmente a los hombres, lo necesario para vivir. Al hacernos decir hoy y de cada día, nos recuerda que este don nunca se da por descontado: siempre debe ser invocado y acogido en actitud de reconocimiento. Además, Cristo nos enseña a pedir nuestro pan y no a cada uno el suyo. Esto significa que los hijos de un mismo Padre son corresponsables del pan de todos, para que cada uno tenga con qué vivir dignamente y a la vez pueda dar gracias al Señor con los demás. Mientras damos gracias a Dios por lo que han producido los campos, no tenemos que olvidarnos de los hermanos y hermanas que, en varias partes del mundo, están privados de bienes esenciales: comida, agua, casa, asistencia sanitaria. De manera especial, pienso en las queridas poblaciones de Afganistán. Que María Santísima ayude a la familia humana a comprender que los recursos de la tierra son un don del Señor que hay que utilizar para el bien de todos. (11-XI-2001) |