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Volvía del hogar un sábado por la tarde, me metí en el metro. Gente leyendo, otros sentados, jóvenes que regresaban o iban a la juerga, y, en medio de todo, aparece un chico joven; iba mal vestido; se pone de rodillas y dice: "Discúlpenme, tengo 17 años, estoy en la calle, y soy seropositivo
" Me quedé helado. ¡Tenía mi misma edad!, yo podría ser él, podría estar en su lugar, me imaginé de rodillas, pidiendo algo que comer a la gente impasiva.En Madrid, estamos acostumbrados a ver este tipo de escenas, tal vez ya no nos dicen nada, forman parte de la rutina, tal vez lo máximo que sintamos sea un: Pobrecillo , pero, en verdad, todos éstos, marginados o ignorados por muchos, son hombres, y su rostro es el de Cristo. Quizás hayan llevado una vida llena de caídas, de pecado; no me importaba, porque yo podría estar en su lugar. Acabó de hablar, extendió la mano para recibir algo, me acerqué a él, y le dije: "Yo también tengo 17 años". Quería hablarle, darle aliento, no sabía qué decirle Su nombre era Paco. Me bajé del vagón con él. También tenía historia, se infectó con unas jeringuillas, y ahí estaba, en la calle, enfermo, cansado, con el vientre hinchado. Le pregunté si creía en Dios. Me dijo que no. ¿Qué le quedaba? Esto es lo único que yo podía darle, pero él me miraba como diciendo: "No sabes lo que yo estoy pasando, ¿cómo quieres que crea en Dios?" Por un momento entendí su vida, su dolor, su soledad. Sabía que las Misioneras de la Caridad trabajan en Madrid con pobres, indigentes, infectados , así que le aconsejé que fuera allí, donde podría encontrar lugar donde dormir, comida y ropa. No tengo ni idea si algún día irá, o si le volveré a ver, o si se curará, o si volverá con su familia, pero ahora sé que se llama Paco, y sé que, por debajo suya, está Cristo, esperando redimirle, y que le ama, y que está con él. Cuando hablaba con él me sentía impotente, era yo el que debía estar de rodillas ante él, pero sé que es el Señor quien le devolverá la sonrisa y la vida. De nuevo otro vagón venía, nos despedimos, le dije que rezaría por él. Nacho de los Reyes |