RetrocesoA&ONº 282/22-XI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Carta del obispo de Osma-Soria, monseñor Francisco Pérez González
El lado farisaico de la sociedad
Sabemos por cultura que la palabra fariseismo proviene, por aplicación, de una secta formada por un grupo de fariseos que proclamaban una serie de verdades pero, luego, no las practicaban. Jesucristo les llamaba sepulcros blanqueados. Aparentemente, eran muy leales y limpios por fuera, pero por dentro estaban llenos de contradicciones y de podredumbre. Y esto viene al caso de lo que nos sucede en la sociedad contemporánea. Proclamamos una serie de libertades en nombre de la democracia, y éstas con la certeza de ser válidas —avaladas por los votos—, aunque rompan con la esencia de la verdad. La verdad y el derecho a la vida nunca se consensúa, ni es cuestión de votos, por muy democrática que sea la sociedad. La verdad y el derecho a la vida es de ley divina y natural.

Nos aterroriza, y hasta provoca gran indignación, que se ponga un coche bomba, pero no se condena con la misma fuerza a los que promueven la muerte de miles y miles de niños por el aborto deseado y ejecutado, conscientemente, por la bisturí bomba. Es más, se llega al colmo de legalizar el aborto o la eutanasia. Va contra la misma razón, contra el sentido común y contra la Ley de Dios. Si se aprueba en el Parlamento la Ley del aborto, que es la no penalización del que mata al niño indefenso, ¿por qué se penaliza y condena al violento terrorista que pone una bomba lapa? Si se aprueba una, se debería aprobar la otra. Contradicciones irracionales. La razón me dice que tanto uno como otro son asesinatos, y el Evangelio me lo confirma.

Creo que se requiere una reflexión en profundidad en el ambiente social, político y religioso para no caer en la contradicción o en el palpable fariseismo. Quede muy claro que la Iglesia y su jerarquía siempre ha condenado, con la misma fuerza, el pecado del aborto, el pecado de la eutanasia y el pecado del terrorismo. No se puede confundir al pueblo diciendo que la Iglesia no es clara respecto al terrorismo cuando todos los obispos, en común con el Papa, y lo podemos testificar con los escritos y comunicados de prensa, hemos condenado como un pecado grave y denigrante a los que usan la violencia como arma de reivindicación ideológica o política. ¿Por qué no se dice también que condenamos el aborto y la eutanasia con la misma fuerza?

Ya desde el seno de la madre somos personas tan dignas como cualquier adulto o anciano. La Iglesia, con voz profética, está anunciando esta verdad y condenando todo lo que vaya contra la vida del ser humano. Desautoriza a cualquier persona, sea de la condición que sea, tanto religiosa, política o ideológica, si afirmara que el terrorismo es diferente según los casos. El asesino siempre rompe con Dios y con la dignidad del hombre. Tan grave es el aborto como la eutanasia, como el parricidio y como el terrorismo, sea europeo o sea afgano. En la esencia tiene la misma gravedad.

Nos echamos las manos a la cabeza porque se habla de terrorismos diferenciados, y justo es que así lo hagamos, pero que en la realidad social, en las ideologías, en los ámbitos religiosos y en los Parlamentos, se defienda siempre la cultura de la vida y se condene con la misma fuerza a quien cometa un asesinato, proceda de donde proceda. De lo contrario, objetivamente se está afirmando la diferencia que hay entre un niño en el seno de la madre, un anciano indefenso y un viandante que ha perdido su vida por la calle donde se ha colocado un coche bomba. Y la diferencia no existe, puesto que es tan grave y denigrante, a los ojos de Dios, el terrorista que arremetió contra las Torres gemelas como la madre que destruye la vida del niño que está en su seno, o como el médico que introduce en las venas del anciano una inyección letal. Todos van contra el quinto mandamiento de la Ley de Dios: No matarás.