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Cuando escribo estas líneas, se ha desvanecido tristemente todo resquicio de esperanza; un compañero de profesión ha perdido la vida en Afganistán, asesinado vilmente por unos violentos en desbandada. Cuando, por desgracia, uno se ve obligado a decir desde este rincón que tantas cosas que se dicen y escriben no son verdad, es un deber profesional ineludible rendir homenaje a tantas cosas de esta denostada y querida profesión periodística que sí son verdad; en primer lugar, y ante todo, homenaje pleno de admiración, gratitud y respeto, hacia una persona, la de nuestro compañero Julio Fuentes, que ha dejado su vida en el intento de servir a los demás, de informar a los demás, de comunicar a los demás lo que ocurre por todas las esquinas del mundo. Con nuestra oración por él y por su familia, desde este rincón de Alfa y Omega, vaya nuestro emocionado y sincero reconocimiento a ese profundísimo sí es verdad. Encerrados como estamos a veces en nuestro pequeñísimo mundo, creyendo que somos el ombligo del universo, no nos damos cuenta de que los virus del egoísmo personal, y también los virus del egoísmo de mercado, nos ciegan, y nos hacen tener una mirada cuando menos miope o no limpia, sobre realidades maravillosas que abundan, más de lo que se puede creer, en nuestros días. El testimonio de Julio, como el de tantos misioneros y misioneras diseminados por el ancho mundo, compensa tanta cutre miopía de cada día y habla con insuperable elocuencia de la inmensa dignidad del servicio a los demás, que no es algo colateral ¡que espléndida la viñeta de Máximo que ilustra este comentario!, sino fundamental e inamovible.Llama poderosamente la atención que, a estas alturas, haya todavía algún despistado por usar una palabra amable que siga pensando, y escribiendo, que el cardenal de Madrid ha sido difuso y no ha hecho mayores aportaciones dialécticas respecto a la condena inequívoca por parte de la Iglesia en España respecto al terrorismo. Aparte de que no es cuestión de "aportaciones dialécticas", ¿qué más tiene que decir el cardenal, en su nombre y en de la Iglesia, sobre esa plaga? Lo podrá decir más alto, pero más claro ni más contundentemente, no. Acaba de celebrarse en Madrid un Congreso Nacional de la Familia, aunque El País no haya querido enterarse. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír, pero es así; ayer nos brindó una página con bien expresivos y rebuscados gráficos, señalando la dramática situación de las rupturas matrimoniales en España, y destacando en el título cómo los divorcios y las separaciones crecen a un ritmo tres veces superior al de las bodas. No falta un oportuno recordatorio de que el Parlamento debatirá una reforma que permita divorcios más rápidos y sin separación previa. Le pasa a El País lo que al señor Chaves, que dice que no ve motivos para que la Justicia impida en Andalucía que en las farmacias se vendan preservativos y píldoras postcoitales. Es, por si hacía falta, una prueba más de lo que unos y otros quieren ver en la realidad. El Congreso Nacional de la Familia quiere el bien de la familia, y El País y el señor Chaves quieren otras cosas. Gonzalo de Berceo |