RetrocesoA&ONº 282/22-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
El domingo, Canonización de la fundadora de las Escolapias,
Beata Paula Montal
Una apuesta por la mujer
El Papa Juan Pablo II canonizará el próximo 25 de noviembre, en la basílica
de San Pedro, a la Beata Paula Montal Fornés de San José de Calasanz (1799-1889),
fundadora del Instituto de Hijas de María, religiosas de las Escuelas Pías (Escolapias).
Fue beatificada el 18 de abril de 1993
Paula Montal Fornés nació en Arenys de Mar (Barcelona), el 11 de octubre de 1799. En 1829 se trasladó a Figueras (Gerona), donde abrió su primera escuela para niñas, con amplios programas, que borraban toda discriminación educativa en relación con la educación impartida a los niños. A la escuela de Figueras siguieron otras; siete fundó personalmente. Con su obra educativa, abrió un horizonte nuevo; fue una pionera en el campo de la educación de las niñas y jóvenes, en la promoción de la mujer. Murió santamente en Olesa de Montserrat (Barcelona), el 26 de febrero de 1889. El Instituto contaba entonces con 19 colegios y más de 300 religiosas.

La vida de la Madre Paula Montal se desenvolvió, pues, a lo largo del siglo XIX español, caracterizado por una constante inestabilidad política, y acusadas transformaciones socio-económicas y religiosas, con notorias repercusiones en la política anticlerical de los Gobiernos liberales y con incidencias concretas en Cataluña y en su Arenys de Mar natal. Fue en ese clima, y en esas circunstancias ambientales locales y regionales, donde transcurrió la vida de esta mujer profética, mensajera de luz y caridad, que, atenta a los signos de los tiempos, supo leer el papel de la mujer en la nueva sociedad industrial-técnica, que se estaba gestando, su influencia e importancia en la misma, y en la familia, y la urgencia de su promoción integral humano-crisitiano, que la capacitará para la noble misión a que estaba llamada.

Madre y maestra de la niñez y juventud femeninas, vivió el reto humanizador de la civilización del amor, e, identificada con el espíritu de Calasanz, consagró su vida a la tarea apostólico-educativa de salvar las familias, a través de la educación de las niñas, para transformar la sociedad. Leemos en su lema: "Quiero salvar las familias enseñando a las niñas el santo temor de Dios".

La fundación del Instituto de Hijas de María, religiosas de las Escuelas Pías, en 1829, y su trabajo apostólico-educativo, vistos en el marco general del siglo XIX, son una aportación original, un esfuerzo radical por elevar el nivel cultural de la mujer, sujeto primordial de la reforma cristiana de la sociedad, a través de la educación integral humano-cristiana de las niñas y jóvenes, con un talante nuevo, y viviendo la espiritualidad calasancia. Éste es su carisma.

La presencia en Madrid del carisma de la Beata Paula Montal data de 1863, cuando las escolapias se encargaron de la dirección del Real colegio de Santa Isabel. En él, además del internado y el mediopensionado existentes, que había estado dirigido por seglares hasta entonces, establecieron una escuela gratuita para las niñas del barrio de Lavapiés, que, de haber contado con más espacio, hubieran llegado al millar. Se encargaron de la dirección de este colegio de Santa Isabel a petición de don Fermín de la Cruz, capellán real y administrador de dicho colegio, aconsejado por san Antonio María Claret, confesor de la reina Isabel II, que conocía y valoraba la actuación apostólica educativa de las escolapias en sus escuelas de Cataluña y, según sus palabras, "las consideraba las más idóneas para la misión que necesitaba el colegio de Santa Isabel".

En 1871, abrieron un nuevo colegio en Carabanchel (Madrid), y se estableció también allí el noviciado. A través de don Fermín de la Cruz, Rosario del Vall conoció su labor educativa, y les cedió su casa palacio con la condición de que se comprometieran a educar gratuitamente a las niñas pobres de Carabanchel Alto, sin prejuicio de admitir alumnas pensionistas. Don Fermín de la Cruz, contento de la tarea educativa realizada por las escolapias en el colegio de Santa Isabel, se constituyó en su valedor y protector en la Corte, y trató de extender los beneficios que aportaba la educación impartida a las niñas por las hijas de la Beata Paula Montal a otras poblaciones; ese mismo año 1871, a Lucena (Córdoba).

Pero la muerte de don Fermín de la Cruz, y la cambiante situación política española, hicieron difícil la actuación de las religiosas en el colegio, por lo que el curso 1878-1879 decidieron dejar el centro.

Al dejar el colegio de Santa Isabel, de momento se establecieron en unos pisos de la calle de San Bernardo (Ancha), y en 1880 abrieron un colegio en la calle de Evaristo San Miguel, en el Barrio de Argüelles, que pronto adquirió renombre y tuvo un alumnado numeroso. A principios del siglo XX fue el primer colegio religioso femenino que estableció la Segunda Enseñanza (Bachillerato, Magisterio y Comercio) para niñas en la capital de España. Allí, durante casi 100 años (1880-1974), gran número de alumnas internas, mediopensionistas y externas recibieron una esmerada educación integral humano-cristiana.

Como el espacio del colegio era insuficiente según las nuevas exigencias educativas, en la década de 1970 el colegio se trasladó a Puerta de Hierro, en la calle Navalperal, 9, frente a la Dehesa de la Villa, donde las escolapias continúan, fieles al espíritu calasancio, impartiendo una educación integral humano-cristiana al alumnado de los barrios populares colindantes. En la antigua sede de la calle Ferraz, 32, permanece la Casa provincial. La iglesia se donó al Arzobispado de Madrid, que la destinó como templo de la parroquia de San Aurelio.

La canonización de Paula Montal es para todas las escolapias motivo de gozo y de alegría. Y para todos significa la valoración universal de su santidad de vida y de la actualidad y perennidad de su mensaje. Porque, para la Beata Paula Montal, el tema de la dignidad de la mujer, la urgencia de su promoción integral humano-cristiana, para salvar las familias, célula primigenia de la sociedad y fermento de su transformación cristiana, fue a partir de 1829 la razón exclusiva de su vida consagrada a Dios, y el objeto, también exclusivo, de su obra apostólica, el Instituto de Hijas de María religiosas de las Escuelas Pías (escolapias).

María Luisa Labarta, Sch. P.