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La doctrina sobre el episcopado ha sido uno de los centros de gravedad más importantes de la enseñanza conciliar en relación a la constitución y misión de la Iglesia. En ella se traslucía nítidamente la trascendencia de una correcta concepción teológica y actualización canónica del ministerio episcopal, en relación con la totalidad de la vida de la Iglesia y a su servicio; y su radical importancia para la fecundidad de su acción pastoral y para el ejercicio apostólicamente fiel de su misión, en orden a no correr el riesgo de una deficiente evangelización. No olvidemos que la verdadera reforma de la Iglesia y la reforma verdaderamente católica del episcopado han ido siempre juntas en la historia de la Iglesia". Este párrafo pertenece al discurso inaugural del cardenal Rouco en la 77 Asamblea Plenaria del Episcopado.
Más adelante insistió en que "los obispos, como ministros del Evangelio de Cristo, somos portadores de la auténtica esperanza de la Humanidad, y desde esta esperanza, que es Jesucristo resucitado, servimos a un mundo que, justamente por los acontecimientos que sucedieron en los días inmediatamente anteriores al Sínodo, aparecía como especialmente necesitado de esperanza. Es imposible no recordar, sin que nos embargue la conmoción del momento, los atentados terroristas sobre Nueva York y Washington del ya para siempre triste y trágico 11 de septiembre pasado, que sembraron de temor e incertidumbre al mundo. En unos instantes se revelaba la gravedad y crueldad del terrorismo como un fenómeno mundial y, al mismo tiempo, la fragilidad e impotencia de los poderes humanos cuando se basan y ponen su fundamento sólo sobre sí mismos, sobre la autosuficiencia del hombre. La autosuficiencia decíamos los obispos españoles queriendo contemplar el pasado siglo con una mirada de fe del tiempo moderno ha sido tal vez el primer pecado de los hombres del siglo XX, y trae consigo el secularismo, que seca las raíces de la esperanza; una autosuficiencia cimentada en mitos de escatologías intramundanas, en las que se ofrece una tenaz y ciega resistencia a ver en el hombre la imagen y semejanza de Dios, llegando a pensar que Éste, Dios, no tiene más brazos que los nuestros, o aún más, exigiéndole a la criatura, en sí finita, que sea por sí misma infinita". |
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Para el cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española, "el terrorismo, lacra y pecado que alcanza dimensiones globales, delata una radical inhumanidad; es la perversa y odiosa expresión del desprecio al hombre mismo, la más brutal negación de la dignidad de la persona humana y del mandamiento inscrito en el corazón del hombre, voz que se puede llegar a velar o distorsionar, aunque nunca acallar. Los actos terroristas manifiestan la más grave de las tentaciones: manipular a Dios y malinterpretar su Verdad y su Ley, olvidando la admirable y siempre permanente afirmación de san Agustín: Y tu Ley es la Verdad y la Verdad eres Tú". España afirmó el cardenal "sabe por propia experiencia del terrorismo y de la necesidad de acompañar la acción policial, judicial y legal del Estado con la renovación de la conciencia moral de los individuos y de la sociedad, para que no se pervierta la verdad y la libertad y se pueda realizar el bien".
"En los últimos meses, y de un modo creciente, la prensa diaria se hacía eco de preocupantes afirmaciones, cuando no ataques, sobre Dios hasta el extremo de considerarle autor de los odios entre los hombres y valedor de la muerte y del terror. La opinión pública ha recibido muchas voces críticas que afirmaban la irracionalidad e inhumanidad de lo religioso y las religiones, olvidando que la religiosidad no es una merma del ser del hombre sino que le conduce a lo más alto de la condición humana: el umbral del Misterio". PLAN PASTORAL
Otro de los temass abordados por el arzobispo de Madrid fue el proyecto de Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española que se estudiará en esta Asamblea Plenaria. A este respecto, señaló que "el proyecto de Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal para el próximo cuatrienio pone ante nuestra mirada el rostro arreligioso, e incluso anticristiano, de una cultura marcada por un humanismo inmanentista, y trata de reconocer nuestras propias infidelidades, las de los hijos e hijas de la Iglesia, por haber velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo; no rehuyendo confesar los propios fallos y déficits. No se cierran los ojos al hecho de que también en el interior de la comunidad eclesial, actualmente, se dejan sentir las heridas provocadas por el fenómeno de la secularización y las oportunamente señaladas en la Declaración doctrinal Dominus Iesus: la debilidad y ruptura, en tantos casos, de la transmisión de la Buena Noticia cristiana a las generaciones jóvenes, el debilitamiento de la vida litúrgica y sacramental y del compromiso apostólico de los laicos. Pero tampoco se ignoran, ni mucho menos, las muestras de vigor en la enseñanza y educación en la fe, con palabras y obras, de pastores y fieles, el testimonio no rara vez heroico de la vida de los cristianos y de la propia comunidad eclesial, la esperanzadora vitalidad de parroquias, asociaciones y nuevos movimientos laicales, el servicio de caridad a tantos pobres en al ámbito de la sanidad y de la beneficencia y la presencia misionera en todas las geografías de la tierra". |
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VISITA DE SUS MAJESTADES LOS REYES
La visita de Sus Majestades los Reyes de España a la sede de la Conferencia Episcopal se explica, según el cardenal Rouco, en el marco de un reconocimiento agradecido que "se extiende al servicio prestado por la Monarquía al mostrar, en la práctica de todos los días, que no sólo no son irreconciliables la tradición católica, la profesión católica de la fe de la inmensa mayoría de los españoles, y los principios de libertad política, social y cultural formulados con toda nitidez en la doctrina conciliar sobre la libertad religiosa, sino que, por el contrario, con su conciliación sale favorecido el bien común". Conforman también la agenda de esta Asamblea Plenaria el problema de la clase de Religión y Moral Católica y el del sostenimiento económico de la Iglesia. Sobre la enseñanza de la Religión y Moral Católica, el Presidente de la Conferencia Episcopal reiteró, una vez más, que "se ha pretendido oponer de nuevo, a propósito de sucesos recientes que están en la mente de todos, el principio de la no confesionalidad del Estado al actual régimen jurídico de la clase de Religión en lo que respecta al nombramiento de los profesores en los centros escolares de titularidad pública. Ya la Comisión Permanente y la Comisión Episcopal de Enseñanza de la Conferencia Episcopal han informado a este propósito clara y ampliamente, tanto sobre el pensamiento de la Iglesia en esta materia, cuanto sobre lo referente a lo que preceptúa la legislación vigente. Pero no es ocioso reiterar, una vez más, que la verdadera laicidad del Estado exige de éste el respeto escrupuloso del derecho a la libertad religiosa de las personas y de los padres de familia en todos los ámbitos de la vida y, de una manera especialmente delicada, en el ámbito de la enseñanza. Un respeto escrupuloso y positivo que habrá de facilitar la apertura de ese espacio, tan vital para la formación integral de la persona humana, al ejercicio institucionalmente libre de esos derechos. El Estado que obstaculizase o limitase, bien directamente por la vía de la ley o de la normativa administrativa, o bien indirectamente por la vía de las restricciones o condicionamientos económicos o de financiación de las familias, las posibilidades de la enseñanza y formación religiosa y moral libre, conformada según la elección de los padres de acuerdo con la Iglesia y las instituciones religiosas legalmente reconocidas, en el sistema educativo y sus instituciones, estaría invadiendo un campo que no le es propio y dañaría, de este modo, gravemente, los derechos fundamentales de las personas". Por último y respecto a la Iglesia y los recursos económicos, el cardenal Rouco Varela afirmó que "la Iglesia en España se sostiene y vive en un tanto por ciento muy elevado, superior al 90%, por las limosnas y aportaciones directas de los fieles y por lo que se recauda por la vía de la deducción tributaria, acordada con el Estado, que la complementa; no de su modesto patrimonio rentable. La mayor parte, con mucho, de esos bienes rentables tienen naturaleza fundacional y están al servicio mayor y prioritario de los pobres y, en considerable menor proporción, al servicio del culto, de la educación y de la cultura. Su administración se ha cuidado y cuida con responsabilidad y prudencia, de acuerdo con las normas del Derecho que les afecta canónico y civil, al igual que la administración de los recursos corrientes. Esta administración, en la que el asesoramiento y participación directa de seglares competentes y generosos es predominante y creciente, procura responder a las nuevas exigencias de nuestro tiempo. Así lo ven y lo han visto la mayoría de los fieles que conocen y viven de cerca la realidad de sus diócesis y parroquias y de otras instituciones de la Iglesia. En ellos confiamos. Por nuestra parte trataremos de mejorar los instrumentos de asesoramiento y participación". |