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Jesús Colina.RomaQué es lo que tienen en común todos los terroristas, ya sean islámicos, vascos, irlandeses...? El desprecio total de la vida humana. La respuesta al terrorismo, por tanto, en último término, se juega en el respeto inviolable de toda vida humana, especialmente de la más indefensa. Éste es, en definitiva, el análisis que ha presentado el embajador de Juan Pablo II ante las Naciones Unidas. El arzobispo Renato Martino tomó la palabra el 9 de noviembre pasado en la sede de la ONU de Nueva York, en la asamblea general consagrada a hacer un balance sobre la celebración del Año del Diálogo entre Civilizaciones, proclamado por esa institución para 2001. Como constató el mismo observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, los atentados contra las Torres gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre constituyen la puñalada más grande que se ha infligido a esta iniciativa de la ONU, que significativamente fue propuesta a la comunidad internacional por el Presidente de Irán, Mohamed Jatamí. La celebración de este año del Diálogo entre Civilizaciones ha recibido también un decisivo apoyo de Juan Pablo II, al que dedicó su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2001). |
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Monseñor Martino, al constatar que los ataques terroristas buscan precisamente la confrontación de culturas y religiones, consideró, repitiendo una expresión del Secretario General de la ONU Kofi Annan, que "un diálogo entre civilizaciones no es sólo una respuesta necesaria al terrorismo, sino que en cierto sentido es su justo castigo".
De hecho, según el representante vaticano, lo que realmente une al género humano son "esos derechos universales que tienen los seres humanos por el sólo hecho de su humanidad". Estos derechos, como dijo el Papa al intervenir en la sede la ONU de Nueva York en 1995, nos recuerdan "que no vivimos en un mundo irracional y sin sentido. Al contrario, hay una lógica moral en la vida humana que hace posible el diálogo entre individuos y pueblos". De hecho, aunque parece evidente, el prelado que lleva quince años como representante vaticano en la ONU aclaró que "no puede haber auténtico diálogo si falla el respeto de la vida. No puede haber paz o diálogo entre civilizaciones cuando este derecho fundamental no es protegido". Pero aquí surge una contradicción que no sólo es propia del terrorismo, sino incluso de las sociedades así llamadas avanzadas. "Cuando la dignidad humana de los más débiles y vulnerables de la sociedad no es debidamente reconocida, respetada y protegida, todas las civilizaciones sufrirán por este motivo", aseguró monseñor Martino. El prelado no entró en detalles, pero obviamente se refería al elemental pisoteo de la vida humana que sufre el anciano a quien se le propone la eutanasia para no ser un peso para la sociedad, el niño que todavía no ha nacido, o el refugiado que se convierte en moneda de cambio entre países enzarzados en disputas. Esto significa, en consecuencia, que sin el respeto total de toda vida humana, los Gobiernos no serán creíbles en su condena y lucha contra el terrorismo. |