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El escenario internacional sigue turbado por preocupantes tensiones. Sabemos que la oración se hace más intensa si es acompañada por el ayuno y la limosna. En este tiempo oportuno pido a los católicos que se viva el próximo 14 de diciembre como día de ayuno, en el que recen con fervor para que Dios conceda al mundo una paz estable, fundada en la justicia, y nos permita encontrar adecuadas soluciones a los muchos conflictos que angustian al mundo. Aquello de lo que nos privaremos con el ayuno puede ser puesto a disposición de los pobres, en especial de quien sufre en este momento las consecuencias del terrorismo y la guerra. Tengo la intención de invitar a los representantes de las religiones del mundo a venir a Asís el 24 de enero de 2002 a rezar por la superación de las contraposiciones y por la promoción de la auténtica paz. Queremos encontrarnos juntos, en particular, cristianos y musulmanes, para proclamar ante el mundo que la religión no deben ser nunca motivo de conflicto, de odio y de violencia. Quien acoge verdaderamente en su interior la palabra de Dios, bueno y misericordioso, debe excluir del corazón toda forma de odio y enemistad. En este momento histórico, la Humanidad necesita ver gestos de paz y escuchar palabras de esperanza. (18XI2001) |