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Benjamín R. ManzanaresQue hoy día nos sean más o menos familiares o podamos tener acceso a la mayor parte de las obras maestras del mundo, no significa que hayan perdido su novedad, puesto que lo que es bello ofrece un atractivo que siempre sorprende. Esto ocurre con la exposición de tapices que hasta finales de enero puede admirarse en el madrileño Palacio Real. La manufactura de todos ellos es flamenca sin determinar, o bruselense, y corresponde a un período comprendido entre el final del siglo XV y el primer cuarto del XVI. En la exposición figuran los célebres e imposibles de superar Paños de Oro, denominados así por la apariencia áurea que le proporcionan los numerosos hilos de este metal precioso que intervienen en el tejido. Destaca además la finura y la delicadeza de los rostros de las personas en ellos representadas, verdaderamente excepcionales. Otra novedad de la exposición es que estos veinte paños han sido reunidos y pueden admirarse juntos, de cerca, apreciando así su inmenso valor artístico y cultural. Se trata de veinte Paños de devoción. Con este nombre se conocen los tapices cuya temática es inequívocamente religiosa frente a los épicos, mitológicos, de costumbres, etc y que, en su origen, tuvieron un uso relacionado con prácticas personales de oración o con solemnidades litúrgicas. Los tapices de devoción fueron utilizados como fondo de altares, o para ambientar espacios de oración de personas reales. Desde el fin del siglo XV o el albor del XVI, han estado en el ámbito de propiedad de nuestros reyes y entre sus preferencias personales más dilectas. |
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Todos estos tapices, de extraordinaria hermosura, que ahora se exponen pertenecen al período más interesante para la formación de la colección real española, pues abarca de 1498 a 1523-24. Desde los años finales de Isabel la Católica hasta el año del matrimonio del emperador con Isabel de Portugal (1526), pasando por la Reina Juana, Margarita de Austria (la hija del emperador Maximiliano I que se casó con Juan de Castilla, hijo de los Reyes Católicos). Fue Carlos V quien decidió no liquidar ni los tapices ni las armas, retener estos Paños de Oro a la muerte de su madre, la reina Juana, y llevárselos a Yuste. La intrahistoria particular de los tapices se solapa así con el momento crucial de la formación de España como nación y del entronque con la dinastía de Austria. Felipe II declaró la vinculación de los tapices y las armas con la Corona, dando lugar así al inicio de las colecciones reales españolas.
Los tapices que hoy se pueden contemplar en Madrid son universalmente apreciados y valorados. Han figurado en diferentes exposiciones desde el siglo pasado. Su última aparición pública, junto a algunos más, fue la exposición titulada La Edad de Oro Bruselense. Tapicerías de la Corona de España, que con gran éxito se celebró en la catedral de Santa Gúdula, en Bruselas, durante el pasado Año Jubilar 2000. Otro de los atractivos que actualmente tienen estos tapices es que han sido sometidos a un cuidadoso trabajo de aspirado, limpieza y restauración, tanto en Malinas (Bélgica) como en Madrid. Ahora su estado de conservación es óptimo. Estas operaciones forman parte de los trabajos de puesta a punto de los objetos artísticos que figurarán en el futuro Museo de Colecciones Reales, de Madrid, donde en su día se expondrán además de los tapices carruajes, pintura, porcelana y demás obras representativas de casi todas las artes decorativas de las colecciones reales, para que permanentemente puedan ser admiradas por el público. Paneles explicativos sobre el arte de la tapicería acompañan al visitante, para que pueda conocer así las características distintivas de los paños o de su tejido, y con el fin de contribuir a que el visitante sepa interpretar las complejidades de su técnica de elaboración, comprenda las diferencias de estilo y de época, y en definitiva que aprecie mejor la belleza y calidad de los tapices que componen la colección española. |