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Nací en Palma del Río, el 25 de julio de 1932. Entré en el Seminario de san Pelagio, de Córdoba, el 2 de octubre de 1944. Después de dos años de servicio pastoral en la diócesis cordobesa, donde me destinaron tras mi ordenación, pasé a La Florida junto a seis de mi curso, enviado por la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano-Americana). Nos cogió por sorpresa, pues creíamos que la OCSHA había sido fundada solamente para ayudar a Iberoamérica. Nos dijeron que era necesaria la presencia de sacerdotes españoles en La Florida por ser la encrucijada entre las Américas, y la puerta para la mayoría de los emigrantes a Estados Unidos. Toda esta necesidad aumentó cuando, al poco tiempo de llegar nosotros, en 1959, empezó el gran éxodo cubano a estas costas.
Al principio, el arzobispo de San Agustín nos envió a aprender inglés a Georgetown University, de los jesuitas en Washington. Teníamos que ser bilingües, en una diócesis que abarcaba entonces toda La Florida, algo así como media España. En las parroquias teníamos que ayudar a todos en inglés y en español. Así lo exigían los párrocos y las necesidades de las parroquias adonde fuimos enviados. En cuarenta años, la Florida ha crecido enormemente en católicos. De 165.000 ha pasado a dos millones y medio, y de una diócesis a siete. Los sacerdotes españoles, unos treinta, estamos desperdigados por las siete diócesis. Yo sigo, desde el principio, en San Agustín, la diócesis más antigua, cuya sede es la ciudad del mismo nombre de unos 50.000 habitantes, fundada por los españoles en 1565. Jacksonville es la gran metrópoli de la diócesis. Está situada en el nordeste de la península, tiene más de un millón de habitantes, de los cuales menos del 10% son católicos. Un auténtico país de misión. Es un centro industrial, de negocios y bancos, con tres grandes bases militares y un gran puerto marítimo, lejos de las ciudades del gran turismo, Miami y Orlando. Casi todo el mundo aquí es de religión baptista. Nos llevamos todos bien: pero es un gran desafío para los católicos, sobre todo para los sacerdotes, pues tenemos a muchos conversos que preparar para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. Esta parroquia es un centro de espiritualidad y sede de movimientos. También es punto de encuentro de culturas tan diversas como del Oriente Medio, filipinos, negros, así como la mayoría, descendientes de europeos, además de los hispanos. En esta parroquia tenemos confesiones diarias, largas colas antes de todas las misas y mucha dirección espiritual. También tenemos muchas bodas y bautizos, con la correspondiente preparación en las dos lenguas. Tenemos un gran comedor y ropero parroquial para los pobres, que también los hay en los Estados Unidos. Asimismo esta parroquia tiene, como medio de apostolado, una buena librería religiosa al servicio de toda la ciudad. Estoy seguro de que cada uno de los treinta sacerdotes de la OCSHA que trabajan en La Florida podrían decir otro tanto. Coincidimos en que nos hacen sentir que nos necesitan, y en el profundo agradecimiento, tanto de los obispos, como del clero local y del pueblo. El Señor no se deja vencer en generosidad. Si yo he podido, con la gracia de Dios, todos pueden. Antonio León |