RetrocesoA&ONº 282/22-XI-2001SumarioTestimonioContinuar
A nuestro hijo con síndrome de Down, en su cumpleaños
"Camino con la fecundidad
del silencio"
En el cumpleaños de nuestro hijo Simón Pedro, afectado por el síndrome de Down,
queremos transmitir el testimonio de nuestra propia vida, la de mi marido y la mía.
Nuestro hijo apenas esboza alguna sonrisa, no besa nunca, entiende a nivel sensorial
y la relación afectiva es muy poco gratificante. Pero es y tiene todo lo expuesto
en este pequeño escrito, y somos conscientes de que es portador de la gracia de Dios
No llegué de repente. No fui un meteorito. No fui un misil ( en mis tiempos casi ni existían). Llegué al mundo mundial veinte días antes de lo previsto, me costó el acceso a la vida. Yo sé por qué. En aquel entonces no se llevaba el ser deseado, pero si sé que fui con alegría esperado.

La acogida de mis ojitos oblicuos, y otros rasgos de mi peculiar fisonomía, fueron, al principio mansamente asumidos. Más tarde, entrañablemente. Querida, cuidada y protegida, fui como la guinda de la tarta que componían mis padres y mis seis hermanos, esa guinda que los hombres piensan que tiene que ser obligatoriamente de color rojo, y yo no lo fui. Era un premio fuera de concurso. Aparentemente, soy un absurdo de la naturaleza, cumplo un ciclo de vida innecesario. Yo sé que no. Os explico y entenderéis.

Nací, pasé de médico en médico, no siempre con diagnósticos afortunados. Era llevado y traído, acunado entre abundantes puntillas y lazos, velado y desvelado con ansiosa esperanza…

…Pero esta ansiedad, ¿por qué?… ¡Yo soy un don de amor, un don de la vida! Camino con la fecundidad del silencio, facultad casi exclusiva de los que no tienen voz. Algún día, cuando me contempléis en el auténtico esplendor y belleza del que ahora carezco, ¡os pasmaréis! de todo lo que he hecho por todos y cada uno de vosotros, en especial por mi papi y mi mami.

Yo soy Pedro, el chico guay. Soy instrumento de dolor, pero no de desgracia, jamás di un disgusto, nunca me enfadé con nadie, no tengo envidia ni ambiciono acumular bienes materiales, estoy exento de la tiranía del sexo, un poco glotón sí soy, a lo que colabora mi mamá cuando puede. Por fin, ¡cómo no!, asisto puntualmente a las manías y pesadeces que con los años se hacen crónicas. En total, he tenido el beneficio infinito de no ofender jamás a Dios.

Mi identificación: No trabajo—No chica—No dinero—No problemas.

Espero que hoy, en el treinta aniversario de mi nacimiento, me cantéis ¡Feliz cumpleaños!

Julio Pérez-Tomé y Sara Román Marlasca