RetrocesoA&ONº 283/29-XI-2001SumarioContraportadaContinuar
Sembrar con lágrimas da frutos
Después de la ignominiosa matanza de cristianos en la iglesia de Santo Domingo, en Bahawalpur (Pakistán), el pasado 28 de octubre, junto a la solidaridad, ha habido también quien ha tratado de justificar una convivencia imposible de cristianos y musulmanes. El intento de transformar el conflicto en curso en Afganistán en un conflicto religioso está presente en ambos bandos; la tentación de lanzar una guerra contra el Islam aparece aquí y allí en el mundo occidental. Desde sus escondites en Afganistán, Osama Ben Laden lanza sus mensajes e impulsa a los musulmanes a una solidaridad del terror, pidiendo precisamente contrastar la cruzada de los cristianos y de los colonialistas occidentales contra el Islam.

El obispo de Multan, monseñor Andrew Francis, desafía tales interpretaciones. Hijo de una Iglesia presente en Pakistán antes de la difusión del Islam, muestra que la matanza de Bahawalpur hizo emerger la solidaridad de las comunidades musulmanas hacia los cristianos. Al mismo tiempo, habla de la contribución y del testimonio que los cristianos quieren continuar dando en la sociedad pakistaní, también hacia la marea de prófugos afganos que, en busca de paz, hace años que malviven en los campos de refugiados. Pero, sobre todas, la más autorizada, se alza la voz del Papa Juan Pablo II que condena la violencia y el terrorismo como falsa religión, y subraya: "Se ha dicho que asistimos a un auténtico enfrentamiento de religiones. Sin embargo, esto significaría falsificar la religión misma. Los creyentes saben que, lejos de hacer el mal, están obligados a hacer el bien, a trabajar para aliviar el sufrimiento humano, a edificar juntos un mundo justo y armonioso".

Detrás de las violencias contra cristianos en los países de mayoría islámica, se esconden muchas veces intereses dictatoriales, económicos, políticos, militares. La guerra en Afganistán no se aleja de este cliché: es el fruto de muchos errores del Oriente y del Occidente: luchas intestinas, conflictos entre potencias regionales, intereses petroleros, desgraciados apoyos al integralismo musulmán. Todo esto se dice, no para escandalizar, sino para crear conciencia de que, si se quiere que termine este conflicto, necesita una visión más amplia que una simple guerra al terrorismo, o entre civilizaciones.

La comunidad internacional debe prestar atención a todos las componentes de las étnias afganas, a la pacificación de las tensiones entre Pakistán e India, a la solución de los conflictos económicos entre Rusia, Irán, Estados Unidos y Arabia Saudí, a la libertad de comercio de los países del Asia central, a la garantía de un Estado palestino, al fin del embargo a Irak.

Dicho esto, no se pueden ocultar las dificultades y los sofocamientos que las comunidades cristianas sufren en los países de mayoría islámica. Estas dificultades son específicamente problemas de libertad religiosa: la tentación del Islam de ser omnicomprensivo (religión-sociedad-política) y de marginar social y políticamente a las minorías cristianas y no cristianas; el rechazo de respetar la libertad de conciencia, reconociendo al individuo la posibilidad de cambiar de religión. Este último aspecto es dolorosísimo no sólo para los cristianos, sino para los mismos musulmanes.

Con todo, aunque en muchos cristianos exista la tentación -o la necesidad- de emigrar, la mayoría de los cristianos quiere continuar testimoniando su fe y el diálogo. Los testimonios de los cristianos en Pakistán y en las Molucas hablan de esta voluntad de sembrar con lágrimas. Los obispos de Pakistán han dicho que "el sacrificio de los mártires de Bahawalpur no será inútil"; y que su sangre podrá "lavar el odio y la violencia de los corazones". En las Molucas, después de dos años de violencia, cristianos y musulmanes trabajan por la reconciliación partiendo del mundo de la escuela y de las universidades. Este aspecto es fundamental. Los talibanes de Osama Ben Laden han apostado mucho por la formación de los jóvenes.

Para transformar la guerra de civilizaciones en diálogo entre civilizaciones es necesario que la comunidad internacional no invierta sólo en oleoductos, arsenales militares y libertad de comercio, sino también en educación, para aniquilar ese vivero de terrorismo que es la pobreza y la desesperación de muchos jóvenes en todos los países pobres.

Bernardo Cervellera