RetrocesoA&ONº 283/29-XI-2001SumarioDesde la feContinuar
Una estrategia para la familia
El Congreso Nacional sobre la familia ha supuesto un significativo paso en el movimiento a favor de la familia, por el entramado de iniciativas, movilización y reflexión que ha suscitado. En España, el Congreso nos lo ha puesto ante los ojos: existe un gran caudal de energías prestas a trabajar en la promoción de la familia, y es tarea de todos encauzarlo y procurar que no se malogre en proyectos ineficaces o que se esterilice en estrategias equivocadas.

Hay varias maneras de equivocar una estrategia. Una de ellas es proponer un objetivo erróneo. Se destinan recursos y medios para lograrlo y, cuando se obtiene, se descubre con amargura su inutilidad. Otro sistema, igualmente ineficaz, es proponer una meta acertada, pero indicar el camino equivocado. A la hora de defender a la familia, existen al menos dos estrategias posibles. Una es presentarla como un valor tradicional e irrenunciable, aunque a la baja. La familia sería una pieza antigua de la sociedad, un poco descascarillada y obsoleta, pero necesaria, y la misión consistiría en restaurarla, adecentarla y presentarla del modo más decoroso posible. Este planteamiento, honroso y encomiable, presenta, sin embargo, un grave inconveniente. Nuestra sociedad es profundamente reacia a lo antiguo, a lo que ya se ha visto y se conoce. La novedad es la reina de nuestras tiendas y supermercados y sólo productos muy especiales pueden competir con el fulgor de lo nuevo. Si se presenta a la familia como algo honroso pero antiguo, como si fuera un teléfono de baquelita que aún cumple modestamente su función, resultará muy difícil que triunfe en el mercado.

Existe una alternativa: presentar a la familia como un proyecto moderno e innovador. ¿Es posible presentar a la familia como algo nuevo y moderno sin traicionar justamente por ese motivo los valores familiares? En realidad, presentar a la familia como un proyecto moderno no sólo es posible, sino que es la única actitud respetuosa de la realidad. Una nueva familia puebla nuestras ciudades, nuestras calles y nuestros hogares. Una familia en la que las relaciones entre el hombre y la mujer son muy distintas de lo que eran hace 10 o 15 años, en la que el número de hijos y la dedicación que exigen plantean problemas novedosos y en la que el trabajo de la mujer fuera del hogar ha supuesto una auténtica revolución. La nueva familia no es una mera elucubración de una mente calenturienta, sino una realidad que existe como dato y como reto. El dato lo constituye su presencia en torno nuestro, y el reto, los desafíos que plantea porque esa nueva familia no está cerrada y concluida. Necesita resolver muchos problemas y esclarecer nuevas situaciones. Es una estructura abierta y en formación, que debe ser ayudada, fortalecida, protegida y estimulada para que sea, como siempre ha sido, pero de un modo nuevo, la estructura básica de la sociedad.

Juan Manuel Burgos