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Albricias! ¡Se ha logrado clonar el primer embrión humano! Es la noticia que el pasado domingo saltó a todos los medios de comunicación: una empresa norteamericana había hecho público su logro en el intento de clonar (copia exacta) un embrión humano. ¿Ésta puede ser la respuesta a muchos problemas, a muchas necesidades, a muchos de los interrogantes del hombre?
La clonación supone la instrumentalización a la hora de engendrar un ser humano: se atenta contra la dignidad de la persona en el modo de ser concebido, producto de la técnica en lugar de al modo humano, como fruto del amor esponsal. Por ello, la Iglesia se opone a este método. Los científicos aceptan que la clonación con fines reproductivos no es ética. Sólo aprobarían la clonación humana con fines terapéuticos. Pero todo ello al precio de la destrucción de un ser humano, producto de la fecundación mediante la técnica. El hombre no es un medio en sí mismo, sino un fin. Y eso supone que no se pueden lograr beneficios, aunque sean para el mismo ser humano, a costa de la destrucción de otro. Los fines terapéuticos que se logran con la clonación se pueden obtener de otro modo que no sea atentando contra el ser humano, aunque de momento sean más costosos. Por eso, como recordaba monseñor Juan Antonio Reig Plá, obispo de Segorbe-Castellón y Presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española, la clonación humana, planteada en un laboratorio, es un medio intrínsecamente deshonesto y malo. María Dolores Gamazo |