RetrocesoA&ONº 283/29-XI-2001SumarioEl Día del SeñorContinuar
Primer Domingo de Adviento
"Vigila con un espíritu que no duerme"
Del evangelio del primer domingo de Adviento -tiempo de vigilancia en la espera- surge una escena que refleja, con su estilo y género literario propios, la condición de la existencia humana: la ignorancia del día y de la hora del fin de nuestra peregrinación terrena; el olvido, y con él la incertidumbre y la falta de atención a lo que nos espera, puede que nos acompañe en nuestro camino. Jesús, poco antes de la más decisiva de sus horas -la muerte- invitó a los suyos, que no alcanzaban a entender lo que estaba aconteciendo, a estar despiertos y vigilantes "pues mientras los hombres duermen, siembra el enemigo la cizaña". Los discípulos habían olvidado las enseñanzas a las preguntas acerca de la venida del Hijo del Hombre, del fin de la creación y de la Historia. En la respuesta se corrobora la ignorancia sobre los últimos tiempos y se regala la certeza de que el momento último, el de cada uno y el de toda la Humanidad, es la hora del discernimiento y de la decisión que reclaman atención vigilante.

El Señor no satisface curiosidades, sino que nos llama a estar vigilantes y atentos al momento más importante. La hora de nuestra muerte y la vuelta del Hijo del hombre es imprevista, intempestiva, por eso es menester no dejarnos ganar por el sopor del sueño y permanecer vigilantes "para gozar de la gloria del premio" (Gregorio Magno). El Señor lo explica con tres parábolas: los que estaban ocupados en el campo, las que estaban moliendo y la del ladrón que llega improvisamente y desvalija la casa. Unos, con la venida del Hijo del hombre, son acogidos y otros, en cambio, perecen. No interesa tanto lo que hacen sino lo que esperan. El evangelio contrapone a la tranquila inconsciencia en que podemos vivir, la actitud característica del hombre evangélico: vivir la espera del encuentro definitivo del Señor, de la salvación. La falta de atención alimenta el descuido y éste impide que seamos conscientes de lo que va a acontecer. El descuidado se vuelve estéril, y el que vela reconoce agradecidamente la fecundidad de la vida. Los primeros cristianos habían aprendido bien la lección, y comentaban el fragmento evangélico con estas expresiones: "Vigilad por vuestra vida..." (Didaché); "Pide más conocimiento del que tienes. Vigila con un espíritu que no duerme" (Ignacio de Antioquía, a Policarpo de Esmirna). El que espera vigilante sabe que el Señor no se despreocupa de él, pues Jesús mira a sus criaturas con los ojos de Dios, y "vigila a aquellos a los que les dio la ley para ver si la han guardado" (Pastor de Hermas). Tan importante es creer que Dios ha venido a nuestro encuentro con la primera venida, como confesar que volverá.

+ Eugenio Romero Pose
Obispo auxiliar de Madrid