RetrocesoA&ONº 283/29-XI-2001SumarioEn portadaContinuar
Juan XXIII,
un Papa con sentido del humor
Muchas son las anécdotas en la vida del Beato Juan XXIII que demuestran su sencillo y sincero sentido del humor. Entre otras, están las siguientes:

Al principio de su pontificado, Juan XXIII tuvo que posar para los fotógrafos, para que éstos hicieran las fotografías oficiales del nuevo Papa. En una ocasión, inmediatamente después de posar ante las cámaras, recibió en audiencia a monseñor Fulton Sheen, que era un obispo muy conocido en Estados Unidos porque predicaba en televisión. Al saludarle, Juan XXIII le manifestó con toda sencillez: "Mire, Dios nuestro Señor supo ya muy bien desde hace setenta y siete años que yo había de ser Papa. ¿No pudo haberme hecho más fotogénico?"

En otra ocasión, al despedirse un obispo polaco después de haber sido recibido en audiencia por Juan XXIII, ya casi desde la puerta, dijo: "Alabado sea Jesucristo". Entonces, el Papa le hizo volver para decirle: "En Bérgamo, nuestro pueblo, que es listo y piadoso, al saludo Alabado sea Jesucristo se responde diciendo: "Sea por siempre alabado, señor cura, y el diablo sea ahorcado".

Siguiendo sus costumbres de Venecia, Juan XXIII, desde el comienzo de su pontificado, solía pasear un buen rato todas las tardes. Lo hacía por los jardines vaticanos. Ante la propuesta de los funcionarios del Vaticano de que "había que hacer algo…, tal vez cerrar la cúpula a los turistas para que no vean el paseo del Papa…", respondió con mucha tranquilidad, preguntando a su vez: "¿Y por qué hay que hacer algo? ¿Por qué hay que cerrar la cúpula?" Aquellos hombres le contestaron: "Santidad, es que todos os verán…" Ante esta respuesta, Juan XXIII pensó un poco y les dijo: "No se preocupen. Les prometo a ustedes que no haré nada que pueda escandalizarlos".

Jesús Azcárate
de Juan XXIII. Yo sólo quise ser un cura rural
(Ediciones Palabra: Folletos mc)