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Jesús Colina. RomaEn estos momentos tan delicados de la historia de Estados Unidos, la Conferencia de Obispos Católicos del país eligió en su pasada Asamblea Plenaria, que se celebró del 12 al 15 noviembre en Washington, como Presidente a monseñor William D. Gregory, obispo de Belleville, primer afroamericano de la Historia que desempeña este cargo. La Asamblea concluyó con un mensaje que lleva por título Vivir con fe y con esperanza tras el 11 de septiembre, en el que los prelados reconocen que Estados Unidos y la comunidad internacional tienen "el derecho moral y la grave obligación de defender el bien común, del terrorismo", y reafirman la necesidad de un compromiso más decidido por la solución de las situaciones de pobreza e injusticia de las que se aprovechan los terroristas. Por tanto -concluyen los prelados-, si bien la acción militar "puede ser necesaria", "no es ni mucho menos suficiente" para afrontar la amenaza del terrorismo, y se requieren "medidas no militares de amplio alcance". Monseñor Gregory, nuevo portavoz de esta comunidad católica con 62 millones de fieles (Estados Unidos es hoy el tercer país católico del mundo, después de Brasil y México), nació hace 53 años en Chicago, en una familia de protestantes, que lo enviaron a una escuela católica, donde descubrió la fe católica. Tras terminar los estudios en el seminario de su diócesis, obtuvo el doctorado en Sagrada Liturgia en el Pontificio Instituto Litúrgico de Roma. Cuando cumplió 35 años, fue nombrado obispo auxiliar de la diócesis de Chicago. |
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Se puede decir, sin exagerar, que usted ha sido elegido Presidente en uno de los momentos más difíciles de la historia de Estados Unidos...
Ciertamente me doy cuenta del desafío pastoral que hoy tenemos que afrontar todos en Estados Unidos; un desafío que afecta de manera particular a quienes tenemos que desempeñar un papel de guía. Nosotros, como Conferencia de los Obispos, podemos servirnos de lo que ya hemos aprendido y logrado positivamente, a la hora de afrontar problemas ligados a la justicia o a la paz internacional. Nos hemos pronunciado con mucha fuerza, y espero que también con mucha eficacia, sobre la cuestión de la política social internacional. Si bien el momento que estamos viviendo es muy complejo, grave y difícil, tenemos un precioso patrimonio religioso, sólidos principios teológicos y pastorales que hay que aplicar para evaluar la acción de nuestro país, así como el diálogo que debe darse con las demás naciones del mundo. Usted es el primer afroamericano elegido Presidente del episcopado de Estados Unidos. ¿Qué significado tiene esta elección? Precisamente por el hecho de ser afroamericano, estoy seguro de que la Iglesia se beneficiará del interés y de la contribución que otros pueden ofrecer al debate. En otras palabras, puede ser una ventaja para mí y, por tanto, para la Iglesia en Estados Unidos. ¿Qué significa la elección de un convertido en la guía de los obispos estadounidenses? Espero poder aportar mi experiencia personal de convertido. Quisiera subrayar la eficacia y la importancia de los cursos de preparación para los adultos que quieren hacerse católicos. El programa de los Ritos para la Iniciación Cristiana de Adultos se aplica en la mayor parte de nuestras diócesis. Según mi experiencia personal, y la de muchos de los que siguen el programa, estos cursos de iniciación cristiana permiten tener una mayor conciencia de los problemas que hoy tienen que afrontar quienes pasan a formar parte de la Iglesia, ya sea que no provengan de un contexto religioso particular, ya sea que vuelvan a restablecer un contacto con la Iglesia o quieran desempañar una actividad en la misma, como los catequistas, etc. ¿Cómo reaccionaron sus padres cuando les dijo que quería ser sacerdote católico? Mis padres siempre apoyaron mi vocación. Ciertamente sabían muy bien que un niño de once años no era capaz de tomar una decisión definitiva para toda la vida y, por tanto, no se preocuparon demasiado de mi decisión. De todos modos, se pusieron muy contentos al constatar que al menos quería dar un valor a mi vida. Si bien no eran católicos, consideraban que el sacerdocio era una meta positiva. Mi padre todavía no es católico, pero siento que su resistencia se está debilitando y creo... Quién sabe, quizá un día se haga católico. |