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RÉPLICA A UN PANFLETO
Algunos, para atacar a la Iglesia, buscan pretexto o cosas que saben de oídas en lugar de fundamentarse sobre el particular; además, aprovechan para exponer, pontificando infaliblemente, sus teorías sexuales opuestas a la moral católica. Esto sucede con un escrito de Nicolás López Calera que raya en lo panfletario, a mi juicio, de título Desde Almería a Gescartera. Por la no propuesta para el curso 2001-2002 de dos o tres profesoras de Religión, la Iglesia, la Jerarquía y algunos Obispados en particular, están siendo maltratados en informaciones y comentarios, a veces por personas que debería conocer bien la naturaleza del tema y el orden legal que lo avala. La crítica se hace con tal fuerza, apasionamiento y parcialidad que parece querer ir más allá de estas actuaciones concretas. Es preciso recordar: - Los obispos ni nombran, ni contratan a profesores y profesoras de Religión, sino que para cada año académico proponen a aquellas personas, con la titulación requerida, que consideran pueden realizar la misión encomendada. No se agravia a nadie cuando no se le propone; en todo caso hubo una confianza y deferencia cuando se le propuso. - Los profesores y profesoras firman el contrato laboral con la Administración pública, estatal o autonómica, con una duración anual, de septiembre a agosto. El profesor o profesora de Religión tendrá derecho a los beneficios que le reporte el contrato finalizado, prestaciones de paro o desempleo, pero no a ser necesariamente contratado de nuevo. Así sucede a tantos otros trabajadores, también de la enseñanza, cuyos contratos temporales no siempre son renovados. - La libertad que los obispos tienen para proponer profesores de Religión católica es coherente y necesaria para desarrollar la labor que corresponde a este profesorado, que no es de cultura religiosa sino de Religión católica. También otras confesiones, como la evangélica, musulmana o judía tienen este derecho. Además son las leyes de un Estado de Derecho las que así lo declara. Leyes, algunas de rango internacional, como son los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español, y otras de menor rango como el Convenio firmado entre los Obispos del Sur y la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía del 21 de mayo de 1993. - Y la razón última de todo está en que el profesor o profesora de Religión no sólo es un enseñante de la Religión, sino que ha de ser testigo y testimonio de la misma Religión que enseña, y no seremos tan buenos profesores cuando así no lo hagamos, pues estaremos falseando nuestra misión y la confianza que se ha puesto en nosotros. Las verdades a medias son las mentiras más gordas. Emilia R. Palomares Rivero. Granada |
LA IGLESIA: IRREDUCTIBLE Y ABIERTA A TODOS
Produce asombro la variedad de formas que despliegan algunos medios de comunicación en su intento de desacreditar la imagen pública de la Iglesia: fantasía, manipulación, medias verdades o calumnias. Semejante gasto de energías no puede ser fruto de una simple inercia anticlerical. Obedece a un dato que los adversarios de la Iglesia han registrado con perspicacia: a pesar de todas sus deficiencias, la Iglesia es una realidad con peso social que no se pliega a los criterios dominantes que tratan de imponer los centros de poder político, económico o mediático. Por eso se azuza una dura campaña contra la presencia de la religión católica en la escuela, o se deforman los términos de la financiación de la Iglesia católica para presentarla como abusiva, todo ello con la finalidad de recortar el espacio público de la Iglesia e incluso su actual marco jurídico. La Iglesia no deja nunca de pronunciarse con voz libre, aunque sea contra corriente, para ofrecer su contribución a la vida social y al bien de todos. Esta libertad ha sido una constante histórica, como reconoce con franqueza el intelectual laico italiano Galli della Loggia: "Lo que veo, como historiador, es que la Iglesia ha tenido una relación compleja con la civilización occidental, manteniendo siempre respecto a ella una autonomía de juicio en todos los campos, incluso respecto a sí misma". Esto, según él, es "lo que la hace irreductible a cualquier poder". Resulta llamativo que quienes alardean de tolerantes, y de defender supuestamente una sociedad en la que todos tengan cabida, se revelen en la práctica intolerantes respecto a una realidad que se sitúa fuera de los esquemas. Precisamente, esa irreductibilidad es la que le permite ofrecer una propuesta distinta, original, con la que contribuye a la construcción del bien común. De ahí que la Iglesia sea, al mismo tiempo, una apasionada del diálogo con todos. Los cristianos no somos distintos de los demás hombres en cuanto a miserias y fragilidad. Somos como todos, pero hay algo distinto que incide en nuestra vida y la cambia. Por eso estamos profundamente agradecidos de pertenecer a esta realidad, donde encontramos al Único que corresponde por completo a la razón y a la libertad. Esta experiencia de correspondencia que permite reconocer la verdad no puede ser derrotada por ningún poder de este mundo, ni siquiera por nosotros mismos. Se nos permita recordar, con algo de ironía, la anécdota atribuida a Napoleón, que manifestaba a un cardenal su intención de aniquilar a la Iglesia, a lo que éste le habría respondido: "...si ni siquiera nosotros hemos sido capaces de acabar con ella..." Comunión y Liberación |
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LA IGLESIA Y EL DINERO
He leído en Alfa y Omega un artículo de Juan Velarde La Iglesia y el dinero en el que afirma, entre otras cosas, que el capitalismo contó en su día con el apoyo de la Escuela de Salamanca, e insinúa además que actualmente tiene el respaldo de Juan Pablo II. Estimo que sin entrar a juzgar las intenciones de Velarde nada de ello es cierto, y me parece peligroso atribuir al Santo Padre o a la Iglesia una actitud que no corresponde a la realidad, o que es, al menos, muy discutible. José María Permuy Rey N. de la R.: La solvencia de criterio del profesor Velarde, prestigioso académico de Ciencias Morales y Políticas, no admite duda. Han sido muchos los lectores que han agradecido el artículo al que se refiere nuestro comunicante. Valga como ejemplo esta carta: "Deseo darles las gracias a Alfa y Omega y a don Juan Velarde por el artículo tan esclarecedor sobre la Iglesia y el dinero. Tanto en una asociación a la que pertenezco como en la parroquia ha sido muy favorablemente comentado y agradecido". Julio A. Fariza |