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Esta sí es una Buena Noticia

A. Ll. P.

Algo muy grande tiene que haber. ¿No creen? En este momento, la Casa de Ejercicios espirituales Emaús, en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, está ocupada por un grupo de ocho religiosas. Profesaron sus votos hace tan sólo unos días, exactamente el pasado 9 de septiembre. Hasta aquí, puede que no encuentren nada de particular. Pero si les informamos de que el promedio de edad es de 26 años, y que acaban de formar una Congregación, puede que encuentren en ésta una buena noticia, de ésas que no abundan cuando uno abre las páginas de un periódico, enciende la televisión o la radio. Cuatro jóvenes de 23 años, una de 24, otra de 25 y otra de 33 acaban de fundar, como comunidad, la Congregación de Misioneras Oblatas de María Inmaculada.

Algo muy grande tiene que haber. ¿No creen?

La historia de la fundación podría ser calificada, por una persona con fe, de milagro. Sin ella, se trata sólo de una serie de casualidades.

En noviembre de 1996, durante el transcurso de un Encuentro Nacional de Jóvenes, varios sacerdotes, de diferentes puntos de España, hablan entre sí. Comentan que las muchachas a las que espiritualmente dirigen se encuentran con una vocación clara de evangelizar a los pobres. Casualmente ése es el punto central del carisma de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Sin embargo, las chicas se encuentran ante un dilema, y es que no existe una rama femenina en esta Congregación.

Por aquel tiempo, monseñor Marcelo Zago, Superior General de los Oblatos en esos años, propone una cuestión a sus hermanos de la Provincia española: "¿Qué respuesta les están dando a las vocaciones femeninas?"

Las chicas en cuestión provenían de Oviedo, Málaga y Madrid, donde habían vivido y crecido en la fe, muy cerca de sus parroquias, todas ellas llevadas por hermanos y sacerdotes misioneros oblatos. Su compromiso en las parroquias había ido aumentando conforme a su edad, participando así en las catequesis, en los grupos de jóvenes, en las Comunidades de vida..., hasta que ven clara la necesidad del compromiso total. De esto hace más de cuatro años y las más pequeñas tenían 19.

Los sacerdotes que habían hablado decidieron comenzar un proceso, lentamente, en conjunto, por el cual las jóvenes se pondrían en contacto, y se reunirían, conociéndose y haciendo discernimiento. En Navidad del año 96 se reunieron, y, después, en abril del 97. Finalmente, Cristina, Elena, Raquel, Mari Mar, Enma, Irene, Graciela... comenzaron a vivir en comunidad el 14 de septiembre de 1997.

Algo muy grande tiene que haber. ¿No creen?

Medicina, Educación Musical, Salud Ambiental, Filología Clásica, Inglesa..., todas han terminado sus carreras, y regalan su juventud, sus sonrisas, su cercano y fresco sentido del humor, sus ganas de trabajar y entregarse a los más pobres, al mundo entero que les está aguardando.

Y sí. Algo muy grande tiene que haber que encandile a ocho muchachas de diferentes lugares de España, que nunca se hubieran encontrado; las una; les de una vocación que parecía que nunca podrían tener; y les allane el camino hacia la formación de un Instituto religioso: Misioneras Oblatas de María Inmaculada.

"Pensaba que el carisma que a mí me gustaba era imposible de vivir, puesto que para mí no existía", contaba Elena. "Y mi director espiritual siempre me decía: Pídele a Dios que te dé hermanas. Y Dios me las dio. Para mí todo esto no es sino una confirmación de las promesas de Dios".

Y, por si hay algún despistado, aquello tan grande que tiene que haber es Dios, es Cristo, a Quien estas jóvenes han dicho , y le han consagrado su vida entera. Esta noticia, ciertamente, es una Buena Noticia.