RetrocesoA&ONº 275/4-X-2001SumarioDesde la feContinuar
Los profesores de Religión, a examen
No te refugies en los recuerdos del pasado; ni decidas que es verdad lo que tú quieres que lo sea… El tiempo es breve, la eternidad larga". Son palabras del cardenal Newman. Se cumple en este año el segundo centenario del nacimiento de este notable intelectual inglés convertido al catolicismo, y puede darnos luz en el momento actual, en que se identifica frecuentemente tolerancia con negación de la verdad. Se habla mucho de la verdad de cada uno; de que lo bueno o lo malo depende de cada persona; de que cada cual debe vivir y pensar como quiera, que eso es asunto suyo.

Es evidente que, en un contexto así, quien pretenda afirmar que existe un bien y un mal moral puede ser tachado de intolerante, fanático, y hasta enemigo de la convivencia pacífica. Se da, además, la circunstancia de que muchos no ven en la Iglesia católica más que un montaje humano; difícilmente se admitirá que la Iglesia pueda ser maestra de ninguna verdad inmutable, puesto que no se admite que haya nada inmutable.

Sin embargo, quienes creemos que Jesucristo es La verdad y que fundó una Iglesia a la que encomendó la misión de transmitir a todos los hombres y mujeres los medios y las enseñanzas necesarias para alcanzar la felicidad plena, no podemos ceder ante un ambiente que le niega el derecho de ciudadanía a La verdad. Están siendo fuertes y muy agresivos los ataques a la Iglesia católica por la decisión tomada en el caso de la profesora de Religión a la que no se le renovó el contrato, por haber contraído matrimonio civil con un hombre divorciado. Se maneja, entre otras, la idea de que la Iglesia está sancionando de forma despiadada la actuación legítima de una persona, a la que castiga con un despido en respuesta a su pecado.

La realidad es muy diferente: todos los profesores de Religión tenemos pecados y, si damos clase de esta asignatura, no es porque nos consideremos capaces de ponernos como ejemplo de lo que enseñamos. La Iglesia, aunque es de Jesucristo, la formamos hombres y mujeres pecadores —esto salta a la vista—. La asignatura de Religión es distinta de las demás, aunque tiene aspectos en común con otras materias. En ella se transmite algo que no es sólo sabiduría humana, sino que muchas veces está por encima de lo que podemos entender, y de nuestras opiniones. No podemos reflejar en la clase de Religión nuestras dudas y desconciertos. El problema no está en que tengamos pecados. El peor daño lo hacemos si negamos que La verdad existe, y si ponemos en tela de juicio lo que enseña Jesucristo a través de Su Iglesia. La Iglesia no le da a la conciencia un poder que no tiene: la conciencia de cada cual no es la que establece el bien y el mal. Si una profesora o un profesor de Religión católica no acepta estas enseñanzas, tendría que tener la honradez de dejar su puesto. Es muy lógico que quien tiene la responsabilidad de enseñar la fe de la Iglesia católica no encomiende esta tarea a quienes la ponen en duda con su palabra o con sus obras.

Isabel María Aroca González