RetrocesoA&ONº 275/4-X-2001SumarioEn portadaContinuar
Pensamiento único y aldea global
Una de las mesas del III Congreso Católicos y vida pública tiene por título Pensamiento único y aldea global. Ambas expresiones están de actualidad y reflejan las preocupaciones y el nuevo ambiente producido tras la caída del Muro de Berlín. Como todos los títulos, también el de esta mesa enuncia un tema, o mejor dicho en este caso, el contraste entre dos temas: los temas de la unificación y de la globalización.

La idea de pensamiento único es una simplificación. No es que haya un pensamiento único ni una sola forma de pensar. Más bien lo que estamos viviendo es lo contrario, que hay un conflicto de mentalidades, que el multiculturalismo como pretensión de que culturas diferentes puedan convivir relacionándose, presenta problemas difícilmente resolubles. Hechos espantosos, como los que hemos tenido oportunidad de conocer hace pocos días a través de la televisión y que todavía impregnan nuestra retina, desmienten que haya unidad de pensamiento, pero prueban que hay unidad de comunicación. El mundo se sobrecogió en un instante como una pequeña aldea se sobrecoge cuando llega la mala noticia.

Cierto que la expresión pensamiento único tiene un sentido crítico, una intención delatora, enfocada a prevenir de algo que está ocurriendo y que habría que evitar. Lo que se quiere decir con ello es que hay un estilo de pensamiento predominante que responde a los intereses del mundo occidental y, más concretamente, norteamericano. Es posible que algo de eso haya, pero se trata del mercado y no del pensamiento, y eso merece reflexión y no simplificación. Cabe por eso preguntarse: ¿Por qué se le dice único y no, por ejemplo, libre? Lo que algunos piensan y lo que otros rechazan es que un mercado libre, en un mundo cuyas comunicaciones permiten toda clase de relaciones instantáneas entre los pueblos más distintas, tiende a unificarse. Es difícil comprender por qué sería preferible lo contrario, que se retrocediese a los mercados fragmentarios o a la intromisión de los políticos en las relaciones comerciales.

La expresión aldea global es mucho más antigua que la del pensamiento único, pues hace ya cuarenta años que McLuhan la puso en circulación. Hizo fortuna porque tenía y mantiene todavía indudable fuerza retórica. Se trata, en realidad, de un oxímoron, ya que las nociones de aldea y de global tienen sentidos no sólo diferentes, sino en cierto modo opuestos. Asociamos el significado de aldea espontáneamente a lo cercano y próximo, a relaciones humanas cotidianas y personales. En la aldea los contactos se realizan sin mediaciones y cara a cara. Pero del significado de global se desprenden aromas muy distintos. Alude a la delimitación de los grandes espacios, como si cada ser humano por vez primera pudiera relacionarse con cualquier otro en cualquier parte que se halle por distante que sea. La unión de las palabras aldea y global significa que se han vencido las distancias, que se hacen posibles las relaciones personales sin que estén físicamente presentes los que se relacionan.

Pensamiento único y aldea global. El tema invita a pensar si son posibles la unidad en la diversidad humana, la cercanía en la distancia, la relación comercial sin imposiciones, si las comunicaciones pueden ser más instrumentos de diálogo que de discordia. En fin, si es posible la universalidad en la convivencia entre los hombres, lo que sería un modo de vivir humanamente la catolicidad.

Luis Núñez Ladevéze