RetrocesoA&ONº 275/4-X-2001SumarioEn portadaContinuar
Alfa y Omega entrevista a monseñor Foley, Presidente del Consejo
Pontificio para las Comunicaciones Sociales:
"Sin una visión completa del hombre,
no se puede ser buen periodista"
Aunque ya lo hizo en el acto de presentación, cuando dijo "es el punto de partida de algo que puede ser y deseamos muy grande", quisiéramos pedirle una valoración sobre el nuevo canal de televisión, católico, del Arzobispado de Madrid, TMT; ¿qué significa una televisión católica?

Es importante estar y permanecer siempre en las televisiones principales; pero, en un momento en el que podemos ver la especialización de los medios, es muy importante también para la Iglesia tener su propia televisión. Nosotros debemos estar en dos lugares: en la televisión del Estado o en las televisiones privadas, y también con una televisión propia, que no es una competencia, porque es una programación complementaria. Es un servicio no sólo para la Iglesia, sino también para la gente, para toda la sociedad. Creo que, al igual que la Iglesia tiene una buena publicación como Alfa y Omega, o al igual que tiene una radio, tiene el derecho y la responsabilidad de entrar en el mundo de la televisión también con su televisión propia.

Usted es un arzobispo norteamericano y no es posible, en estos días, dejar de preguntarle por los terribles acontecimientos ocurridos en Estados Unidos. El Santo Padre ha dicho claramente lo que la Iglesia debe hacer, pero sería muy interesante escuchar el punto de vista de un arzobispo norteamericano.

Yo almorzaba con profesionales de CBS, de los Estados Unidos, el martes de la tragedia; recibimos una llamada a las tres, durante el almuerzo, diciendo que un avión, y después un segundo avión, habían chocado contra las Torres Gemelas. Recé al mismo tiempo que miraba la televisión. Inmediatamente rezamos una oración, y volvimos a nuestras oficinas. Vi cómo se derrumbaban las torres y me fui inmediatamente a celebrar la misa por las víctimas, por las familias.

Al día siguiente, miércoles, el Santo Padre tiene su Audiencia general; normalmente no puedo ir porque tengo que trabajar; sin embargo, esta vez pensé que era importante estar con el Papa ese día. Al entrar en la plaza de San Pedro, escuché el siguiente anuncio: "Silencio, por favor, sin aplausos"; Juan Pablo II no entró en el papamóvil, sino en el coche negro. Habló de la tragedia, y rezamos en varios idiomas. Después indiqué que quería estar con él en oración por mi país y por la paz en el mundo. Era evidente que el Papa estaba profundamente afectado por la tragedia. Más tarde supe que una persona a la que yo quería ver —porque ha sido nombrado miembro honorario de la Unión Internacional de Periodistas Católicos— había perdido a su hijo en una de las torres. Recibió una llamada de su hijo que le dijo: "Estoy en una trampa; te llamo sólo para decirte que te quiero". Se había casado tan sólo hacía tres meses, y su mujer supo tan sólo hace dos semanas que estaba embarazada. Hay muchas tragedias enormes como ésta; ¡cuántas personas han sufrido esta tragedia! Pero el efecto, en los Estados Unidos, no ha sido la desesperación, sino la unidad y el espíritu de oración. El Presidente también supo crear este espíritu y pronunció en la catedral nacional de Washington el mejor discurso de su vida; algo conmovedor. Espero que ahora el Presidente sea muy prudente. Era necesario movilizar el país, con el fin de estar preparado para entrar donde es necesario actuar; pero está moviendo las vías diplomáticas y económicas, sin usar hasta ahora la vía militar. Espero que cuando pueda o deba hacer una acción militar, sea algo quirúrgico, no una venganza. Creo que la gran mayoría de la gente en los Estados Unidos no quiere venganza, quiere justicia y el castigo de las personas responsables cómplices de esta tragedia.

Estos días el Santo Padre ha estado cerca de la frontera con Afganistán, en la frontera de la tragedia y del problema. Al principio se dijo que el Presidente Bush no deseaba que el Papa hubiese ido, pero el Papa se empeñó en ir porque creía que ésa era su responsabilidad y su obligación. ¿Cree que la presencia del Santo Padre ha dado los frutos que él esperaba?

Estoy convencido de que el Santo Padre ha hecho lo mejor en esta situación; ha ido a un país de mayoría musulmana, y, en diálogo con los ortodoxos y con los musulmanes, ha hecho un llamamiento a la paz, con una reacción muy positiva, especialmente por parte de los jóvenes. Creo que es muy importante para el Santo Padre reforzar la fe de los católicos allí, que tienen una vida muy difícil, así como establecer relaciones positivas con las personas del Gobierno; he oído que el Presidente allí es uno de los líderes más responsables de todo el mundo islámico y de la ex-Unión Soviética. Creo que el Santo Padre está trabajando por la paz y por los valores religiosos en la sociedad. Creo también que el Presidente Bush ha apreciado la presencia allí del Santo Padre como algo que puede contribuir a la paz.

CATÓLICOS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Usted preside el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. En España existe una seria preocupación, porque en este momento hay una burda campaña en contra de la Iglesia, en contra de la clase de Religión, de los Acuerdos España-Santa Sede, de la familia, de los valores cristianos, y una concentración de fuerzas arrecia en ese sentido. Desde su privilegiado observatorio romano, ¿cómo se ve la labor de los periodistas católicos en general, y en España en particular?

Para mí es difícil responder, porque no vivo aquí; pero, en todo el mundo, creo que muchas personas de los medios no tienen una visión de la realidad, y de la importancia de la realidad espiritual y religiosa en la vida humana. Sin una visión completa de la naturaleza humana, creo que nosotros como periodistas no podemos hacer bien nuestro trabajo. Debemos tener una visión completa del hombre, no solamente de su vida económica o política. Creo que esto es algo que falta en la formación de las personas. Estudié Periodismo en la Columbia University. Cuando recibí el premio de la Universidad como antiguo alumno destacado en Periodismo, pronuncié un discurso y recordé que cuando era alumno allí, hacíamos cursos especiales en economía, en educación, en política para prepararnos de cara al mundo del periodismo, y lancé esta pregunta: "¿Por qué ustedes no tienen un curso especial en Religión, que es una parte muy importante en la vida de todos, pero particularmente en la conciencia de tanta gente?" Podemos ver su importancia hoy en el mundo árabe, en el mundo ortodoxo. Debemos tener esta sensibilidad y esta responsabilidad en la Universidad y programar cursos de este tipo.

Creo que en la formación de los periodistas hay que tener presente que, aunque algunos periodistas no sean creyentes, deben ser profesionales. Un periodista no puede ser buen profesional sin apreciar la importancia de la religión en la vida humana.

Habla usted de una visión de la vida que reconozca la religión, no como un simple ingrediente más, sino como algo fundamental, que da sentido a todo en la vida. ¿Qué perspectivas ve usted, en este sentido, en el Sínodo de los Obispos que ahora comienza? ¿Se creará la conciencia de que la Iglesia, la religión, es algo que tiene que ver con las cosas del mundo, y no sólo con cosas eclesiales?

Estoy muy contento de estar aquí en Madrid, porque he visto que el cardenal y los obispos consideran muy seriamente la importancia de los medios de comunicación. Espero que todos los obispos estén abiertos a las necesidades de estos medios. Los obispos no deben cerrar a la Iglesia contra los medios de comunicación. Éstos no son perfectos, pero nosotros debemos responder a las necesidades. Muchas veces hay oportunidades que no vuelven. A veces hay preguntas, polémicas, campañas poco razonables. Hay que aprovechar todo momento para tocar la vida de la gente. Creo que todos los obispos pueden apreciar esta necesidad en el mundo de hoy, y también utilizar la planificación para las comunicaciones en las diócesis; sobre todo una actitud de estar más abiertos. Una vez un cardenal preguntó: "¿Qué debemos hacer con los medios cuando saquen algún escándalo en la Iglesia? ¿Cuál es la mejor respuesta?" Yo indiqué: "La respuesta mejor es la virtud, y en ausencia de la virtud, la honradez". Nosotros no podemos no esconder la realidad. ¡Qué lástima que sucedan ciertas cosas en la Iglesia! Pero no podemos pretender que no existen. Es otro motivo para estimular al clero, a todos los católicos a una vida de virtud; porque otra cosa que el mundo puede ver es tal vez el pecado grave de la hipocresía. Debemos ser siempre personas que reflejan los valores que Jesucristo ha enseñado.

Monseñor, tenemos documentos sobre Ética de la publicidad, Ética de las comunicaciones sociales

Sí, y vamos a tener Ética en Internet, y también la utilización pastoral de Internet por la Iglesia; porque no debemos tocar solamente la Ética en Internet, sino pensar cómo utilizar este nuevo medio en la Iglesia. Ahora hemos planificado dos documentos: uno, se podría decir, es más para el mundo: normas y principios éticos a seguir en Internet, como ya hicimos con la publicidad, o con la comunicación en general; pero también es necesario saber cómo la Iglesia debe utilizar este nuevo instrumento. No será un documento exhaustivo que toque cada cuestión a fondo, pero ofrecerá un estímulo para que cada miembro de la Iglesia reflexione cómo ha de utilizar este medio también para la evangelización y para la vida de la Iglesia.

¿Qué diría a nuestros lectores de Alfa y Omega especialmente? ¿Qué aconseja al semanario?

Soy un seguidor de Alfa y Omega. No tengo ninguna crítica que hacer. Es una publicación muy profesional, muy atractiva, nada meliflua, ni azucarada, sino madura, muy bien hecha, con las noticias válidas, estimulantes y con un método de distribución muy interesante para llegar a más gente.

¿Cree que puede faltar conciencia de la necesidad de hacer posible la existencia de medios católicos?

Fui director en Filadelfia de un semanario al que era necesario estar suscrito, y también teníamos publicidad. Las personas y empresas que hacían publicidad en nuestro semanario pensaban: "Nosotros ahora tenemos la aprobación de la Iglesia por nuestro servicio". Era todo un reconocimiento. Muchos querían conseguir espacio publicitario en nuestra publicación… Importa mucho ser una publicación de calidad, y ser muy efectivo en los centros de comunicación del mundo. No importa a veces perder dinero al comienzo, a cambio de tener una voz con identidad propia clara en el mercado. Lo normal es que lo que vale por sí mismo sea prestigioso y rentable también económicamente.

Muchísimas gracias, monseñor.

Gracias a ustedes y felicidades por este semanario.

Alfa y Omega