RetrocesoA&ONº 275/4-X-2001SumarioMundoContinuar
Armenia: El escándalo más grande
del cristianismo se puede superar
La visita de Juan Pablo II a la República ex-soviética supone un impulso decisivo
hacia la unidad plena con la Iglesia apostólica armena, separada de Roma hace mil quinientos años,
y una clara señal que indica la senda futura del diálogo ecuménico con las Iglesias ortodoxas
Jesús Colina. Roma

La desunión de los discípulos de Jesús, separados en Iglesias y comunidades cristianas, calificada frecuentemente por Juan Pablo II como el escándalo más grande de la historia del cristianismo, puede ser superada. Ésta es la gran conclusión que arrojó la última etapa del viaje internacional número 95 de este pontificado, que concluyó en Armenia.

El Pontífice aterrizó en esta ex-República soviética, que alcanzó la independencia hace diez años, con un objetivo muy claro: superar el cisma de la Iglesia apostólica armena, a la que obedece más del 90% de los 3.300.000 ciudadanos del país, así como los otros cinco millones de armenios esparcidos por el mundo. En este sentido, los casi tres días (del 25 al 27 de septiembre) que el Pontífice residió en Etchmiadzin, ciudad santa armena, conocida como el Vaticano del Cáucaso, estuvieron plagados de gestos históricos, algunos de ellos totalmente inéditos. Por primera vez, por ejemplo, un obispo de Roma, en un viaje internacional, residió en la sede de un Patriarca no católico, el Catholicós Karekin II, máximo jerarca religioso armenio. En todo momento, el Patriarca acompañó al Pontífice tomándole en ocasiones del brazo en los encuentros públicos. Karol Wojtyla era un gran amigo personal del predecesor, Karekin I. Juntos firmaron en 1996 una declaración que hizo historia: la superación de las divisiones teológicas sobre la naturaleza de Cristo que dieron lugar al cisma de hace milenio y medio tras el Concilio de Calcedonia.

Para que católicos y cristianos apostólicos armenios lleguen a la comunión plena, sólo queda ahora superar la cuestión del reconocimiento del Primado del Pontífice y cuestiones prácticas de organización (también existe un Patriarcado católico armenio, que tiene su sede en el Líbano).

Desde Ereván, Juan Pablo II lanzó tres señales fuertes, que están llamadas no sólo a superar las diferencias con la Iglesia apostólica armena, sino también con las ortodoxas.

PERDÓN, TRADICIÓN Y PAPADO

- Ante todo, pidió, elevó un acto público de petición de perdón, durante la única misa que celebró para los católicos armenios, en presencia del Catholicós armenio, por los pecados de los cristianos contra la unidad. Sus palabras fueron solemnes: "Pido al Señor que perdone nuestras faltas pasadas contra la unidad y que nos lleve al amor que supera todas las barreras".

- En segundo lugar, prometió a la Iglesia apostólica armena que, en caso de llegar a la comunión plena católica, Roma respetará la tradición antiquísima del primer pueblo cristiano de la Historia. "En la Iglesia católica —aclaró— el himno de alabanza se eleva a Dios desde muchos pueblos y en muchas lenguas. Pero esta amalgama de voces diversas en una única melodía de ninguna manera destruye vuestra identidad de armenios". En ocasiones, los armenios han expresado temores de perder su identidad, liturgia, y estupenda riqueza cultural al pasar a Roma. Este temor quedó superado durante la visita papal.

- Por último, renovó en una emocionante celebración ecuménica, ante Karekin II, su propuesta de reflexionar sobre el ejercicio del ministerio del obispo de Roma. Testigos mudos de las palabras del Pontífice eran los muros de la nueva catedral apostólica de San Gregorio el Iluminador, en la capital armena, edificada con motivo del 1.700 aniversario de la proclamación del cristianismo como religión oficial de Armenia y consagrada en septiembre.

"Consciente de la importancia del ministerio del obispo de Roma en la búsqueda de la unidad de los cristianos —dijo el Papa— en mi encíclica Ut unum sint (n.95) he pedido que los obispos y los teólogos de nuestras Iglesias reflexionen sobre las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros".

Nunca como en Armenia se ha visto posible y real el avance hacia la unidad plena entre los cristianos, uno de los objetivos más claros del pontificado Wojtyla en los últimos años (en particular desde que escribió su encíclica ecuménica en 1995).

Prueba de ello fue la declaración conjunta que firmaron Karekin II y Juan Pablo II poco antes de despedirse: "Aquí, en la santa Etchmiadzin, renovamos nuestro solemne compromiso para rezar y trabajar para acelerar el día de la comunión entre todos los miembros del rebaño de los fieles de Cristo, en el auténtico respeto de nuestras respectivas tradiciones sacras".