RetrocesoA&ONº 275/4-X-2001SumarioTestimonioContinuar
Vida y amor
Queremos dirigirnos especialmente a la familia, porque la conocemos, sabemos de sus cosas, en definitiva…, tenemos y somos una familia. Lo vivimos como un auténtico don, como un regalo que Dios nos ha querido dar.

En la familia necesitamos el amor para vivir, vivir y amar en simultaneidad, día a día, todos sus miembros.

Nosotros hemos descubierto una vida nueva, distinta a los triunfos, riquezas, carreras, éxitos: "Un tesoro escondido" (Mt 13,44). Una vida que anhela todo el mundo. Hemos conocido a personas de distintos países, lenguas, culturas, y todos anhelan lo mismo, todos buscando amar y ser amados, como nosotros, como nuestros hijos. Pero es fácil buscar el amor, por caminos equivocados, sucedáneos de amor, y hacer que la vida no se viva en plenitud: "Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia" (Jn 10,10).

Por poco que se empieza a conocer a Dios, se va viendo un amor gratuito, incondicional, que no manipula, fecundo, más fuerte que todo, que todo lo puede, que todo lo espera, que todo lo cree, que todo lo tolera, que no toma en cuenta el mal. Es un amor diferente, y que da sentido a su propia existencia.

Este Dios nos va abriendo puertas a la vida: ¡Puedes amar así! Invertir la vida amando, éste es el proyecto que Dios nos proponía a esta familia, y queremos deciros que la vida es bella si la vives amando; ser protagonista de tu vida significa vivir esa vida de Dios en plenitud.

Experimentamos que la vida de Dios es productiva, pasan por tus manos soluciones, riquezas para los demás, dejas pasar el amor de Dios sin esfuerzo costoso y combinando la entrega a los demás con tus quehaceres, tus tareas, tus hijos, tu trabajo… Tienes la impresión de dar la mano para caminar juntos, como si hubiese un proyecto común a todos.

El Dios de la vida nos anima a no tener miedo, a creer en la Providencia, a colaborar con Él en la construcción del mundo. No desterremos a Dios de nuestros hogares, con Él se fortalece la alegría, se ilumina el sentido de nuestra existencia y se fortalece la voluntad de vivir. Dios es el mayor amigo de la vida. "Dios es amor" (1 Jn 4, 8). Y no hay ninguna circunstancia, por muy dura que sea, que nos impida amar en una familia habitada por Dios.

El mundo necesita familias abiertas, con disponibilidad de escuchar a los demás, de consolar, de repartir alegría y de dar felicidad, porque viven en vida y amor: "Sois la luz del mundo".

Luis Carlos Romero
y Laura Calero