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En estos comienzos del tercer milenio los que formamos la comunidad autonómica gallega hemos sido convocados a unas nuevas elecciones políticas. Con este motivo los obispos de la Provincia Eclesiástica Compostelana nos dirigimos a los católicos gallegos y a quienes, no compartiendo nuestra fe, consideran a la persona como valor supremo del ordenamiento y de la convivencia social.
- Recordamos que la razón de ser de la política, configuradora también de la vida social, es el servicio a la persona, inmersa en la realidad temporal pero conservando íntegra su vocación a la vida eterna. En este sentido, la actividad política es la búsqueda y realización del bien común, como bien de todos, especialmente de los más necesitados, lejos de la lógica de los clientelismos que contamina profundamente la experiencia de la democracia. - El bien común exige respeto a los derechos fundamentales e inalienables de la persona, favoreciendo el ejercicio de las libertades naturales indispensables para el desarrollo de la vocación humana, y comporta necesariamente el bienestar social y el desarrollo del grupo, facilitando a cada uno de los miembros lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana. En consecuencia, salvaguardar la verdad acerca del hombre y de su verdadera identidad es evitar que el ideal de la libertad se convierta fácilmente en algo vacío y superficial. La normalidad democrática ha de ir acompañada de los genuinos principios morales y éticos en un clima de confianza, justicia, transparencia, respeto y libertad, ya que una democracia sin valores se convierte fácilmente en totalitarismo visible o encubierto. |
| - No debe desvirtuarse la política, medio legítimo para transformar la realidad. Es preciso valorar el alcance de la misma; a través de ella se toman decisiones de las que dependen aspectos muy importantes de la vida social, familiar y personal, no solamente en el orden económico sino también moral. Esta conciencia nos lleva a agradecer la dedicación y entrega de los políticos que, con honradez y generosidad, dedicación y desinterés personal en la gestión social y política, trabajan por el bien de la Comunidad autónoma.
- Todos estamos llamados a construir una civilización nueva cuyas características han de ser la solidaridad y el amor fraterno, la transparencia y la imparcialidad en el servicio de la Administración pública, el respeto de los derechos de los adversarios políticos con opiniones legítimas aunque discrepantes sobre la ordenación de los asuntos temporales, y el rechazo de los medios equívocos o ilícitos para conquistar el poder al margen de toda dimensión ética y moral. - La vida de la comunidad política goza de autonomía propia, pero ésta no puede entenderse como una independencia de los principios morales, ya que una política privada de principios éticos sanos lleva inevitablemente al declive de la vida social y a la violación de la dignidad de los derechos de la persona humana. - Nuestros políticos deben utilizar la palabra como vehículo de la verdad, una palabra justa, expresiva, respetuosa y capaz de hacer entender la realidad, reconociendo en todo momento las dificultades en ese afán de evitar los errores y potenciar los aciertos. Por tanto, la campaña debe hacerse con dignidad y con contenidos, mirando siempre al bien común en un diálogo sincero sobre los temas de fondo que afectan a las personas, y ha de presentar proyectos cuya realización mejore la situación social y entusiasme a los ciudadanos: |
favoreciendo a la familia fundada sobre el matrimonio y, dentro de ella, las condiciones de la natalidad; poniendo toda diligencia en fomentar una educación integral que promueva los valores éticos y morales; atendiendo a la situación de los jóvenes, cuya problemática recae sobre todo en la familia; ofreciendo proyectos creativos que afronten los difíciles problemas que tiene planteados nuestra gente del campo y del mar; preocupándose por los grupos sociales más débiles; asegurando un sistema económico justo; y cuidando la salud, el medio ambiente y la naturaleza; Todo ello, además de la historia de los diferentes partidos, ayudará a que los ciudadanos puedan hacer su opción política con libertad y responsabilidad. - Nadie debe sentirse marginado de la gestión social. Votar es un derecho civil y constitucional de cuyo ejercicio no debemos sentirnos dispensados a no ser por motivos graves, y debemos ejercerlo teniendo en cuenta el conjunto de bienes materiales, morales y espirituales que constituyen el bien común de nuestra autonomía. Es necesario valorar el sentido ético y la capacidad técnica de los candidatos, considerar qué personas y propuestas responden más adecuadamente a los problemas de nuestra Comunidad autónoma, y votar libre y responsablemente. - La neutralidad como falta de compromiso ante determinados valores no es buena. Vivir en democracia no equivale a una nivelación cultural y espiritual de los ciudadanos en el ocultamiento o la negación de sus propias convicciones de orden cultural, religioso o moral. Las opciones políticas de los católicos deben estar en armonía con los valores del Evangelio, siendo coherentes con su fe tanto al elegir como si son elegidos. La Iglesia, signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana, mantiene su identidad propia, basada en las enseñanzas de Cristo y no se confunde con ningún partido político. - Exhortamos a todos los gallegos y gallegas a ejercer el derecho y el deber de votar con el deseo de colaborar a mejorar las condiciones de nuestra sociedad, empeñándose cada día en afirmar la convivencia basada en el respeto, la verdad, la libertad, el amor y la paz. |