RetrocesoA&ONº 276/11-X-2001SumarioContraportadaContinuar
Octubre, mes del santo Rosario
Tan sencillo y tan necesario como respirar
Rodeado de sus papeles, Jerome esculpe un trozo de madera. Partiendo de una rama cortada en rodajas, fabrica pequeños objetos ovales. En el centro de cada uno de ellos hay un agujero, calculado según la dimensión del índice de su futuro propietario. El agujero tiene el diámetro de la primera falange, la segunda no debe caber, porque, si no, sería demasiado grande. Alrededor esculpe pequeños dientecitos, y los lima hasta que quedan muy suaves al tacto, para que así procuren una verdadera sensación de serenidad. En la parte de arriba del óvalo, el diente es más ancho y graba en él una cruz. Mi padre esculpió de esta manera centenares de rosarios de anillo.

Eran hermosos, cabían en el fondo de un bolsillo y en la palma de la mano, y cada uno de ellos era único. Han acompañado a mucha gente anónima en su felicidad y en sus penas, pero también a gente muy conocida que pidió uno a mi padre. Se llevaban así un poco de su amistad, de su valentía y de su oración".

Así narra su hija Clara el sencillo y profundo entretenimiento del conocido doctor de genética Jerome Lejeune, miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias, hasta 1994 en que murió. Sencillo como el propio mecanismo del rosario. Profundo como la vida de los que, como Lejeune, están impregnados del aroma de la Virgen.

El rosario es exactamente algo que se hace sin pensar, como respirar. Respirar es muy importante. Se respira todo el tiempo, pero nunca se ha oído dar una conferencia sobre la respiración. Rezar el rosario, como respirar, es simple.

Como quien se detiene ante una obra de arte, y del interior surge una exclamación de complacencia, el rosario se compone de 150 Avemarías de exclamación ante los misterios de la vida de Jesús. "El rosario es el credo hecho oración", como decía el cardenal Newman. Una completa oración que parece pensada para nuestros días. Se aprende a amar el rosario al rezarlo en los viajes. Es una oración para la espera en los aeropuertos, en los trayectos en tren, mientras viene el autobús o se va por la calle. Es una oración para dar gracias por lo que se tiene, para pedir por los que te rodean, ignorantes quizá de tu oración. Es como el aliado del peregrino por el trasiego cotidiano.

Es como una siembra invisible de Avemarías, un respirar del alma que se aprende en la familia. El Avemaría está marcada por la escena doméstica. El ángel fue a casa de María. Allí la joven Virgen se convierte en hogar de la Palabra de Dios. Se inicia la Historia, en la casa de María, para que Dios mismo instale en nosotros su hogar. El obispo de Málaga, monseñor Dorado Soto, expresa así esta realidad: "La Iglesia ve a María profundamente arraigada en la historia de la Humanidad, maternalmente presente y partícipe en los múltiples y complejos problemas que acompañan hoy la vida de los individuos, de las familias, de las naciones; la ve socorriendo al pueblo en la lucha entre el bien y el mal". Fácil, sencilla y asequible, la oración del rosario es la mejor forma de unir a la familia todas las tardes en casa, en la intimidad.

Reunirse durante diez Avemarías estrechando los sentimientos de amor entre los padres e hijos, hermanos y parientes en una oración universal, una plegaria por la tan necesitada paz en el mundo. La festividad de Nuestra Señora del Rosario,el 7 de octubre, nació en gratitud por la victoria de las tropas españolas en Lepanto en 1571. Repetir y repetir, como los niños que, según Chesterton, "quieren que las cosas se repitan y no cambien. Ellos piden siempre otra; y la persona mayor comienza otra vez hasta agotarse, ya que las personas mayores no son muy fuertes para mostrar alegría en la monotonía. Tal vez Dios es demasiado fuerte. Él muestra alegría en la monotonía. Posiblemente Dios le dice al sol todas las mañanas: Vamos, una vez más; y todas las noches a la luna: Vamos, una vez más".

Vamos, una vez más, con las cuentas entre los dedos, en familia o de camino, a sembrar la atmósfera del globo de Avemarías por la paz, como ha invitado el Papa, Juan Pablo II, en este mes dedicado al Rosario.

Carmen María Imbert