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Presentamos el texto de la Declaración firmada por los tres cardenales estadounidenses Keeler, George y Egan, Relator General del Sínodo, y por los monseñores Fiorenza, Presidente de la Conferencia Episcopal, y Gregory, también representantes sinodales de la Iglesia en Estados Unidos
Nuestra Conferencia Episcopal pide contínua oración, determinación y moderación en respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre. Pedimos oraciones por nuestro Presidente y los líderes nacionales, por nuestros hombres y mujeres en servicio militar y por todos los afectados por los ataques terroristas. Renovamos nuestra exhortación a que nuestra respuesta militar sea guiada por los límites tradicionales sobre el uso de la fuerza. La acción militar es siempre lamentable, pero puede ser necesaria para proteger al inocente o para defender el bien común. Apoyamos los esfuerzos para dejar en claro que esta respuesta va dirigida contra los que usan el terror, así como contra quienes los apoyan, no contra el pueblo afgano o el Islam. Medidas para asegurar la seguridad de los civiles inocentes son tan necesarias como importantes. Apoyamos vigorosamente las iniciativas humanitarias en respuesta a la situación lastimosa del pueblo afgano, especialmente de los refugiados y civiles desplazados. Más allá de la crisis del momento, continuamos urgiendo la reanudación de medidas diplomáticas y otras para asegurar una paz justa para los palestinos e israelíes. Todo esfuerzo nuestro debería ser guiado por nuestro deseo de un mundo que respete verdaderamente los derechos y la dignidad de cada persona humana. En medio del conflicto, oramos por la paz. En lugar del terrorismo, buscamos la justicia. En respuesta al odio, ofrecemos amor. En un tiempo de prueba, nos volvemos a Dios como nuestro refugio y fortaleza, para que nos muestre la senda de la curación, de la reconciliación y de la paz. |