RetrocesoA&ONº 276/11-X-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
No sé por qué —¿o sí lo sé y lo que me gustaría es no saberlo?— algunos de los columnistas de más tronío en la prensa española hacen esfuerzos ímprobos por hacer ver, de las cosas que pasan, sólo lo que a ellos les interesa; no sé si es sectarismo puro y duro, miope parcialidad, o, sin más, frivolidad o ignorancia; pero lo que sí sé es que cabe exigirles, no ya un mínimo de sentido de la responsabilidad, sino un mínimo de sentido común. No se le renueva un contrato a una profesora de Religión, a la que obviamente no hay que renovárselo, y claman no ya por los fueros de la justicia, sino hasta de la humanidad. ¿Y qué pasa con la justicia y la humanidad de los padres que quieren que sus hijos reciban enseñanza religiosa como Dios manda; y con la humanidad de esos hijos que tienen derecho a recibirla? ¿O esa humanidad no les interesa a los creadores de opinión? Un fanático de manicomio planifica, organiza y lleva a cabo la barbarie en Nueva York, y nuestras lumbreras, una y otra vez, dale que te pego, insisten en que se trata de fanatismo religioso; como si algún fanatismo pudiera ser religioso y no lo que es, es decir, antirreligioso; en Afganistán, en el Ulster, en el País Vasco y en todas partes. A toda costa tratan de unir la violencia y lo sagrado y hablan de componente religioso. Escriben que, "si Jesús de Nazareth es el Dios encarnado, insuperable e irrepetible, entonces, ¿qué se ofrece a los demás, que se entreguen sin condiciones?" Pues es evidente y está clarísimo lo que se ofrece a los demás: una recta formación de conciencia y libertad. Eso es lo que se ofrece a los demás. ¿O es que a alguien se le pone una pistola en el pecho para que crea en Jesús de Nazareth? Como ha dicho muy bien recientemente el académico y profesor de Historia de la Filosofía don Emilio Lledó, "bajo una capa de humanismo, se han metido y se quieren meter mercancías pestilentes".

Un día sí y otro también, El País, en su pretendida información religiosa y en sus editoriales, vuelve a la carga antieclesial: lo ha hecho llamativamente en sus editoriales titulados Tercer "no" al aborto y El otro matrimonio. Basten estas líneas sumamente reveladoras en relación al PP (que se ha opuesto a la ampliación del aborto y a que la relación entre homosexuales se considere matrimonio): "En materia de moral y costumbres la veta confesional de este partido se sobrepone a sus responsabilidades de gobierno, cerrando los ojos a una realidad social que demanda..." Este editorialista —¿si la realidad social le demanda que se tire a un pozo, se tira?—, ¿se ha enterado de que por encima de las responsabilidades del gobierno están las responsabilidades de conciencia en materia de moral y costumbres? ¿O es que no se quiere enterar?

Gonzalo de Berceo