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Sí, como un oxigenante y sugestivo perfume, casi casi olvidado..., que se destapa, recuerda y respira de nuevo: eso ha sido el estreno, cuarenta años después, de Aprobado en castidad (en 1963 sólo se permitió decir que en inocencia), de Luis Peñafiel, pseudónimo literario de Narciso Ibáñez Serrador, autor, director y protagonista inconmensurable de este mes de vacaciones en dos actos, convertido en feliz aventura y en éxito rotundo sobre las tablas sabias de un remozado Teatro Infanta Isabel, de Madrid, Barquillo esquina a Libertad.
Los hijos de Chicho, que, como toda su generación, nunca habían visto a su padre sobre un escenario ¡y cómo se emocionó y nos emocionó a todos al brindarles los bravos clamorosos del público, al acabar la representación!, se habrán quedado con la boca abierta al comprobar con gozo lo que tantos españoles, ya mayorcitos, sabíamos de sobra: que estamos ante un autor, un director y un actor excepcional; un autor, con tan pocos como hay, que sabe en qué consiste una comedia y cómo y cuándo hay que decir la frase justa para que al público no le quede más remedio que aplaudir un mutis, por ejemplo, cosa que se repitió varias veces la noche del estreno, y que hacía mucho tiempo que yo no veía en el teatro; un autor, por tanto, al que es obligado exigirle que no se quede en esto; un director que conoce y sabe utilizar, como pocos, los matices y gajes del oficio; y un actor prodigioso que, con 21 o con 66 años, logra captar y concitar en torno a él la imprescindible complicidad de cada espectador y le hace reir, sin necesidad de recursos cutres, zafios o groseros, tan triste e irrespetuosamente de moda en nuestros días. El delicioso aroma del talento, de la sensibilidad más inteligente, de un humor inglés a lo Coward pero pasado por Madrid, encandila desde el primer momento, gracias al personaje de ese Harry al que le faltan dos carreras para tenerlas todas y que, además, toca el piano, y que, "entre texto y texto", da lecciones portentosas de humanidad..., y aún le queda tiempo para sacar un aprobado en inocencia. ¡Qué quieren que les diga!; memeces de la censura de otro tiempo aparte, que, tal vez, sin saber lo que hacía, le hizo un gran favor, uno, con la que hoy está cayendo "No hay tele que se precie que no tenga su gay en nómina", hasta parece sentir más querida nostalgia de la inocencia, ¡ya ven qué cosas...! Espléndido todo el reparto: desde el fabuloso Chicho, que "de pequeño ya era muy mayor", a Susana Canales, Andrés Resino, Mari Begoña, Yolanda Farr, Nieves Aparicio, Sandra Barneda y Carlos Urrutia. Muy ajustada la escenografía y ambientación, de Carlos Abad. ¿Es conveniente salir del armario después de los 66? Ya lo creo que sí; pero, claro, siempre que se salga así, divirtiendo ¡y divirtiéndose!, con el limpio perfume de la inteligencia hoy, por desgracia, ya digo, tan olvidado... Miguel Ángel Velasco |