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Al ejercer el ciudadano el derecho del sufragio, se determina en gran parte el bienestar del país. Nicaragua será lo que los nicaragüenses deseemos, y las futuras generaciones tendrán mañana la sociedad que nosotros hoy decidamos. Nuestra reflexión desea iluminar algunos principios que deben ser conocidos por todos los nicaragüenses.
Las elecciones constituyen una fuente de legitimidad. Para ello necesitan cumplir ciertas condiciones que aseguren y garanticen la limpieza y la equidad. Las elecciones son parte indivisible de los derechos humanos que, en la tipología de clasificación, se denominan derechos políticos: elegir y ser elegidos en elecciones periódicas y optar a cargos públicos. Los obispos de la Conferencia Episcopal reiteramos que sólo es posible una auténtica democracia en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Todavía es palpable en la memoria de muchos nicaragüenses que cuando se aplastan los valores de la democracia, ésta se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto, que niega la dignidad de la persona en todos sus órdenes. El proceso electoral debe ser un período de fiesta cívica en el cual todos participamos en el debate abierto, civilizado, informado y profundo sobre el futuro de nuestro país. Para ello debe prevalecer un clima de paz y deben realizarse todos los esfuerzos para que haya respeto, libertad y orden, que faciliten la pacífica continuación del sistema democrático, puesto que éste se corresponde más con la naturaleza de la persona como ser personal y social, y está conforme con la dignidad humana. |