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Hoy tenemos la alegría de contemplar este gran misterio de salvación actualizado en los nuevo Beatos. Son ésos los justos que por su fe viven junto a Dios eternamente. Supieron traducir su fe en Cristo en una extraordinaria experiencia de amor hacia Dios y de servicio al prójimo. Los dos nuevos Beatos de Alemania nos llevan a un período oscuro del siglo XX. Nuestra mirada se dirige al beato Nikolaus Gross, periodista y padre de familia. Con inteligencia comprendía que la ideología nacional-socialista era incompatible con la fe cristiana. Con valentía, tomó la pluma para escribir a favor de la dignidad humana, y por esta convicción fue llevado al patíbulo, pero esto le abrió el cielo. Monseñor Ignace Maloyan murió mártir a la edad de 46 años. Nos recuerda el combate espiritual de todos los cristianos, donde la fe se expone a los ataques del mal. Ante los peligros de la persecución, no aceptó ningún compromiso. Es más, a quienes ejercían presión sobre él, les respondió: "Derramar mi sangre por mi fe es el deseo más vivo de mi corazón". La canadiense Émilie Tavernier Gamelin tenía un corazón abierto a toda necesidad sirviendo a los pobres y a los pequeños, a quienes quería tratar como a reyes. La síntesis vital entre contemplación y acción, asimilada en la Eucaristía, fue el fundamento de la experiencia espiritual y de impulso de caridad de Eugenia Picco, respondiendo a las necesidades de jóvenes y de familias indigentes, y asistiendo a las víctimas de la guerra que en aquel período ensangrentaba Europa. Queremos dar gracias a Dios, admirable en sus santos, y le pedimos, por su intercesión, que nos ayude a responder con renovado ardor a la universal vocación de la santidad. (7-X-2001) |