RetrocesoA&ONº 276/11-X-2001SumarioMundoContinuar
HABLA EL PAPA

La santidad

Hoy tenemos la alegría de contemplar este gran misterio de salvación actualizado en los nuevo Beatos. Son ésos los justos que por su fe viven junto a Dios eternamente. Supieron traducir su fe en Cristo en una extraordinaria experiencia de amor hacia Dios y de servicio al prójimo.

Los dos nuevos Beatos de Alemania nos llevan a un período oscuro del siglo XX. Nuestra mirada se dirige al beato Nikolaus Gross, periodista y padre de familia. Con inteligencia comprendía que la ideología nacional-socialista era incompatible con la fe cristiana. Con valentía, tomó la pluma para escribir a favor de la dignidad humana, y por esta convicción fue llevado al patíbulo, pero esto le abrió el cielo.

Monseñor Ignace Maloyan murió mártir a la edad de 46 años. Nos recuerda el combate espiritual de todos los cristianos, donde la fe se expone a los ataques del mal. Ante los peligros de la persecución, no aceptó ningún compromiso. Es más, a quienes ejercían presión sobre él, les respondió: "Derramar mi sangre por mi fe es el deseo más vivo de mi corazón". La canadiense Émilie Tavernier Gamelin tenía un corazón abierto a toda necesidad sirviendo a los pobres y a los pequeños, a quienes quería tratar como a reyes. La síntesis vital entre contemplación y acción, asimilada en la Eucaristía, fue el fundamento de la experiencia espiritual y de impulso de caridad de Eugenia Picco, respondiendo a las necesidades de jóvenes y de familias indigentes, y asistiendo a las víctimas de la guerra que en aquel período ensangrentaba Europa.

Queremos dar gracias a Dios, admirable en sus santos, y le pedimos, por su intercesión, que nos ayude a responder con renovado ardor a la universal vocación de la santidad.

(7-X-2001)