RetrocesoA&ONº 277/18-X-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Próxima conferencia en Barcelona de Giancarlo Cesana,
responsable de Comunión y Liberación
Sin Dios, no hay esperanza
El próximo jueves 25 de octubre, a las 19.30 h., tendrá lugar en Barcelona la conferencia
La única posibilidad: educar hombres libres, a cargo del profesor de Medicina
de la Universidad de Milán Giancarlo Cesana, miembro del consejo presidencial
del movimiento eclesial Comunión y Liberación. El acto será en el Auditorium
del Palau de la Generalitat y está organizado por la Asociación Cultural Charles Pèguy,
con el patrocinio de la Secretaría de Presidencia de la Generalitat de Cataluña
Ante el drama del hombre moderno, que no sabe para qué construir, el profesor Cesana planteará en su conferencia (invitaciones: Tel. 93 589 82 86, ó 616 88 80 16) cómo educar hombres libres es la tarea de la familia, de la escuela, de la universidad y hasta de un Estado que quiera estar al servicio de la persona. Pero, ¿qué es lo que hace libre al hombre?

Giancarlo Cesana, profesor de Medicina del Trabajo y Director del Centro de Estudios e Investigación sobre Patologíaas Crónicas en la Universidad de Milán, dirige además, como investigador principal, diversos proyectos de investigación europeos. Acaba de publicar el libro Il "ministero" della salute. Notas introductivas a la medicina, editado por Studio editoriale fiorentino. Es miembro del Consejo de Redacción Cultural del Meeting de Rímini, donde ha intervenido sobre distintos temas: Por una verdadera libertad de educación; Por un Estado abierto a la subsidiariedad; Por una economía libre y no dirigida; o Por un trabajo para el hombre. En Italia son conocidas sus tomas de posición frente a la globalización y la debilidad del hombre occidental frente a la invasión de otros modelos culturales. A continuación, les ofrecemos la entrevista que con él ha tenido Alfa y Omega:

Respecto a la conferencia que pronunciará en Barcelona, con el título La única posibilidad: educar hombres libres, ¿qué es lo que, a su juicio, hace libre al hombre?

Puedo responder con sólo una palabra: el factor que hace libre al hombre es la verdad. Así está escrito en el Evangelio y así es la experiencia de todos. Cada uno de nosotros se siente más libre cuando vive algo verdadero, o sea, algo que realiza su deseo de significado y de felicidad. La verdad es esta respuesta.

¿Cómo describiría, a grandes rasgos, la situación cultural que domina hoy su país, como el nuestro, y todos los otros de la vieja Europa de antigua tradición cristiana?

La tradición cristiana se ha debilitado mucho y está siendo sustituida progresivamente por un fuerte relativismo cultural, es decir, por la incapacidad de indicar con claridad y decisión por qué vale la pena vivir. Así se cumple la trágica afirmación de Malraux, que cito al respecto: "Nosotros somos los hombres más impíos de todos los tiempos, porque de todo conocemos la mentira y ya no sabemos qué es la verdad". Por otra parte, la verdad que no es nuestra (nosotros no somos Dios) sólo nos puede ser transmitida. Necesitamos de la tradición, de nuestra tradición, la única que verdaderamente tenemos: la cristiana.

Sin duda ha sido testigo privilegiado del Meeting de Rímini de este año 2001, ¿podría sintetizar lo más destacado del mismo?

Creo que el punto más interesante del Meeting de Rímini, que impresionó tanto a quienes participaron como a quienes lo siguieron por los periódicos o la televisión, está resumido en su título de esta edición: Toda la vida pide la eternidad. El Meeting ha demostrado no sólo que este reclamo es verdadero, sino que, teniéndolo presente, se vive mejor, incluso si se está dramáticamente herido por las limitaciones y por la muerte. El hombre no puede renunciar a preguntarse si la muerte no es la palabra definitiva sobre su propia vida.

¿Cuál es, en síntesis, su reflexión ante los terribles ataques del pasado 11 de septiembre contra los Estados Unidos, este indecible horror, como lo ha calificado Juan Pablo II, y ante las operaciones militares ya comenzadas contra Ben Laden y el régimen de los talibán en Afganistán?

Mi reflexión es: el hombre es tan capaz de construir, como es quizá más de destruir. El hombre es el primer autor de la propia infelicidad, por eso necesita ser salvado. La respuesta que América da militarmente a la maldad que le ha golpeado es inevitable e inevitablemente dirigida contra los presuntos culpables. América es un país libre que ha hecho de la libertad su principal regla, y generalmente ha mantenido la expresión de su fuerza que puede ser también violenta de un modo arriesgado, como en todos los actos humanos al servicio de la libertad. Si puede haber perplejidad con respecto a la modalidad de la intervención de los Estados Unidos, no se puede menos de sentir una última simpatía por el deseo de libertad que la anima.

Está celebrándose en Roma el Sínodo de, y sobre, los Obispos, ¿cómo valora lo que hasta ahora se está desarrollando en sus sesiones, y qué frutos piensa que puede dar para la Iglesia y para la Humanidad?

Comparto totalmente la intervención del cardinal Ratzinger: "El munus docendi confiado al obispo es un servicio al Evangelio y a la esperanza. La esperanza tiene un rostro y un nombre: Jesucristo; el Dios-con-nosotros. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. Estar al servicio de la esperanza quiere decir anunciar a Dios con el rostro humano, con el rostro de Cristo. El mundo tiene sed de conocer, no nuestros problemas eclesiales, sino el fuego que Jesús ha traído sobre la tierra (cf. Lc 12, 50). Sólo si nos hemos hecho contemporáneos con Cristo, y este fuego está encendido en nosotros, el Evangelio anunciado toca los corazones de nuestros contemporáneos. Este anuncio exige el coraje de la verdad y la disponibilidad a sufrir por la verdad (cf. 1 Tes 2, 2). Entrar en la sucesión apostólica implica también entrar en esta lucha por el Evangelio. En nuestra cultura gnóstica y atea, el obispo, maestro de la fe, está llamado al discernimiento de los espíritus y de los signos de los tiempos. El problema central de nuestro tiempo es el vaciamiento de la figura histórica de Jesucristo. Un Jesús empobrecido no puede ser el único Salvador y mediador, el Dios-con-nosotros: Jesús es así sustituido por la idea de los valores del reino y se convierte en una esperanza vacía. Debemos volver con claridad al Jesús de los evangelios, ya que sólo Él es el también el verdadero Jesús histórico (cf. Jn 6, 68). Si los obispos tienen el coraje de juzgar y decidir con autoridad en esta lucha por el Evangelio, la tan deseada descentralización se realiza automáticamente. No se tratar de decidir sobre las cuestiones teológicas de los especialistas, sino sobre el reconocimiento de la fe bautismal, fundamento de cada teología. La fe es el verdadero tesoro de la Iglesia (cf. Mt 13, 45 s)".

Espero que los obispos se hayan dado cuenta de lo que ha dicho.