RetrocesoA&ONº 277/18-X-2001SumarioCriteriosContinuar
Dios: siempre al lado del hombre
Cuando he visto derrumbarse de forma increíble aquellas torres, frente a esta inmensa tragedia, al shock de una super-potencia que se descubre, de pronto, vulnerable, y palpa el derrumbarse de muchas certezas; frente al miedo del estallido de una guerra de resultado imprevisible, me ha parecido volver a vivir en Trento bajo los bombardeos de la segunda guerra mundial. Todo se derrumbaba y era fuerte la pregunta: "¿Habrá algo que ninguna bomba pueda destruir?" La respuesta fue sí, existe. Es Dios a Quien descubríamos como Amor; un descubrimiento fulgurante que nos dio la seguridad de que Él no puede abandonarnos, de que Él nunca está ausente de la Historia; es más, que sabe dirigir todo lo que sucede hacia el bien. Y lo he experimentado de forma sorprendente. Y me he preguntado: ¿no será que justamente ahora, al comienzo de este siglo XXI, Dios quiera repetir esta gran lección y nos haga volver a ponerlo a Él en el primer lugar de nuestra vida, obligándonos a poner en segundo lugar todo lo demás? Y esto me habla de esperanza y de futuro. Por tanto, lo que a todos parece un paso atrás, para mí ha adquirido un significado diferente. Y he constatado que esta visión de las cosas está surgiendo en el alma de los americanos. Así me dicen desde allí.

Me escriben desde Nueva York, que han visto la ciudad totalmente transformada: muros de indiferencia fundirse en una avalancha de ayuda concreta, de consuelo, de disponibilidad para hacer cualquier cosa, con tal de aliviar los dolores de los demás. Es conmovedor, dicen, ver a todo un pueblo que, ante las adversidades, se dirige a Dios en oraciones espontáneas, desde el Parlamento a las plazas, mostrando así sus verdaderas raíces de fe. En nuestra opinión, esto es un signo también de la particular vocación de este gran país.

Chiara Lubich