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El premio Robert Bresson lo conceden la publicación italiana Revista del cinematógrafo y la dirección artística del Festival Tercer Milenio, con la colaboración del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y del Consejo Pontificio para la Cultura. Manoel de Oliveira ha estado también en el reciente Festival de San Sebastián, donde le confesaba a una periodista que él hace unas películas que resisten y se oponen al cine comercial, un cine, éste, que Oliveira considera banal y entregado al sexo y a la violencia. De hecho, es tal su furia hacia la moderna cultura audiovisual, que ha optado en sus películas por un lenguaje cinematográfico en las antípodas del modus operandi al uso. Ritmos lentos, hilos narrativos poco claros, simbología algo conceptual y de no inmediata comprensión..., al servicio de argumentos descatalogados o inclasificados en el imperante mercado del guión.
Concretamente, Vuelvo a casa es una reflexión sobre la perfidia del poder y un testamento de vejez, cargado de un paradójico pesimismo esperanzado. Cuenta el film episodios de la vida cotidiana de un veterano actor de teatro (interpretado por el genial Michel Piccoli) que vive sólo con su nieto, tras la muerte de su esposa, su hija y su yerno en un accidente de tráfico. Para ello se apoya en fragmentos de El rey se muere, de Eugene Ionesco, de La tempestad, de Shakespeare y del Ulises de James Joyce. Para Oliveira hoy -y siempre- el poder lo mueve todo, lo traspasa todo, y es una tentación connatural al ser humano. Apariciones de John Malkovich y Catherine Deneuve, vinculan el film a El Convento, película de la que eran los protagonistas. Juan Orellana |