RetrocesoA&ONº 277/18-X-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
El Islam según Osama Ben Laden
Junto con los primeros partes de guerra de este conflicto, se ha producido la aparición de Ben Laden ante una cadena de televisión árabe. Su mensaje es claro aunque formulado con la retórica islámica radical: su ataque a los símbolos del mundo capitalista e infiel en Norteamérica, su éxito y la reacción de aquel mundo, obliga a cada musulmán a tomar partido por su religión, que es, al parecer, el Islam según Osama Ben Laden.

El manifiesto va dirigido en primer lugar a los súbditos de los hipócritas, o sea, en este caso las oligarquías y gobiernos islámicos aliados de Washington y a los que Ben Laden tacha de apóstatas y convoca a todos los musulmanes a luchar contra los responsables de esta situación, empezando por el presidente Bush. Esos aliados, árabes y otros, a los que sólo salvará su arrepentimiento al unirse a la lucha de Ben Laden.

La apelación a los sufrimientos del pueblo árabe en Palestina, Irak, etc., a la humillación que sufre desde hace 80 años (lo que retrotrae el agravio, a la división colonial anglo-francesa de Oriente Próximo) y al recuerdo de la pérdida de Al-Andalus, completa esta proclama habitual en los fundamentalistas árabes. La diferencia está en que su autor ha sido capaz, gracias a su conocimiento de las posibilidades técnicas y mediáticas y de las debilidades estructurales y sociales del mundo occidental, de ofrecer al mundo entero el espectáculo de la vulnerabilidad de la democracia imperial, quicio y fundamento de la globalización de muestro mundo. Y necesita capitalizar estas imágenes que le están costando a él y sus partidarios, el ser proscritos a nivel mundial como terroristas, es decir, enemigos del propio orden internacional. Para ello, Ben Laden está utilizando otra categoría mental occidental, La del choque de civilizaciones para sacar a su red de la infamia de ser simplemente terrorista, aunque sea un terrorismo global, altamente tecnificado y manipulador del factor religioso, o sea tríplemente peligroso.

Para nosotros cristianos, la primera reflexión debe ser no dejarse arrastrar ni por ésta ni por otras retóricas contrapuestas. Firmes en nuestras propias creencias que nos impulsan a ser pacíficos y pacificadores, ante ésta amenaza global que sacude muchas seguridades de nuestro mundo occidental, hay que estar serenos, no dejándose enredar en la dialéctica de la violencia, del devolver mal por mal, o del temor que paraliza y hace dudar de la voluntad salvadora del Dios, para todo hombre. Juan Pablo II es buen guía y maestro para todo ello.

Por último, tampoco caigamos en el angelismo; las cosas son como son: ni todos los musulmanes son como Ben Laden, ni éste deja de tener éxito entre ellos, por muy terrorista que sea.

Ramón de Armengod