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Inés VélezEl empeño misionero brota de la ardiente contemplación de Jesús. El cristiano que ha contemplado a Jesucristo no puede no sentirse extasiado por su fulgor, empeñarse por testimoniar su fe en Él, único Salvador del hombre": son palabras del Papa Juan Pablo II, viajero y misionero, con motivo de la Jornada mundial de las misiones. Y así es. El anuncio del amor de Jesucristo a todos los hombres es la única razón de ser de las misiones y de los misioneros. En la actualidad, según los datos de las Obras Misionales Pontificias (OMP), hay 16.606 misioneros españoles repartidos por todo el mundo. La mayor parte de ellos, 15.068, son religiosos, 955 son sacerdotes diocesanos, y el resto, 583, son laicos. "Es muy importante la labor de los misioneros, tanto laicos como consagrados, sobre todo en este momento de la historia -ha asegurado monseñor Francisco Pérez, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias y obispo de Osma Soria-. A pesar de todos los problemas, no podemos caer en el pesimismo. Los misioneros son testigos de paz y de humanidad en el mundo. Que este DOMUND sea un impulso. Los misioneros son lo más bello de la Iglesia". |
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RESPONSABILIDAD DE TODOS
¿Por qué un hombre o una mujer hace las maletas y se marcha a una misión? Es, sin duda, una llamada de Dios. Pero, como dice el Papa Juan Pablo II en el mensaje para esta Jornada del DOMUND 2001, "no es una llamada reservada a algunos, sino que es para todos, para cada uno en su estado de vida. En la Carta apostólica Novo millennio ineunte escribí al respecto: Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos "especialistas", sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo, no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos". Y, precisamente, este compromiso de todos los cristianos es lo que se recuerda el próximo domingo 21 de octubre, en el día del DOMUND. "Queremos responsabilizar -afirma don Anastasio Gil, Subdirector Nacional de las Obras Misionales Pontificias- a toda la comunidad cristiana, desde la infancia, de las misiones. Que surjan vocaciones misioneras. Que no nos escudemos diciendo que la misión está aquí". En todas las diócesis españolas existe una Dirección diocesana de las Obras Misionales Pontificias, y un Director diocesano nombrado por el obispo para llevar a cabo la animación misionera. Las colectas de cada diócesis pasan a la Dirección Nacional situada en Madrid. Después se envían a Roma. El pasado año 2000, España recaudó en el DOMUND 2.455.049.207 pesetas. Es la Congregación para la Evangelización de los pueblos la que se encarga de distribuir estos bienes de la mejor manera. Las 2.455.049.207 pesetas se distribuyeron, a través de las Nunciaturas Apostólicas, de la siguiente manera: 439.660.000 pesetas para África, 863.361.007 pesetas para América, 989.085.850 pesetas para Asia, 141.752.350 pesetas para Oceanía y 21.190.000 pesetas para Europa, según datos de las Obras Misionales Pontificias. |
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EN LUGARES DE CONFLICTO
"Los misioneros, en lugares de conflicto, no se van; se quedan -dice con rotundidad el Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias-. Si lo hicieran por poder o por dinero se marcharían. Pero como lo hacen por amor y por solidaridad, se quedan". Éste es el ejemplo que los misioneros dan cada día en cientos de países. También en países musulmanes. Actualmente, por ejemplo, las franciscanas misioneras de María y la Congregación de Jesús y de María están trabajando en la zona de Pakistán. "Hemos recibido un correo electrónico de nuestras Hermanas en Pakistán diciendo que se quedan -ha asegurado la Hermana Arancha Múgica, franciscana misionera de María-. Si no hay presencias fijas que conozcan el territorio y el conflicto de la zona, las ONG no pueden trabajar. Ésta es la labor de los misioneros". Se evangeliza de tres maneras: con la palabra, con el gesto y con el testimonio. En algunas circunstancias, sólo se puede anunciar a Jesucristo con el testimonio. Y éste suele ser el caso de los misioneros en países islámicos. Pero, como ellos mismos aseguran, allí son respetados. No es lo mismo un musulmán que un fundamentalista. "Los propios musulmanes sufren el fundamentalismo -explica el padre Bartolomé Burgos, misionero en Sudán-. Cuando algo se extrema, no sólo hace sufrir a los fieles de otras religiones, sino también a los creyentes de la misma religión. Es posible la convivencia entre personas de diferentes religiones". En este momento concreto de la Historia, este mensaje de diálogo y de respeto entre religiones parece caído del cielo. Los misioneros son, una vez más, testigos de esperanza y de paz en el mundo. |
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UN NUEVO ROSTRO
La misión es la misma ayer y hoy: anunciar el amor de Jesucristo. Pero algo nuevo parece estar surgiendo en la conciencia misionera de la Iglesia. Por un lado, cada vez es mayor el número de misioneros laicos y, por otro, hay un impulso creciente del diálogo entre religiones y del ecumenismo. "Cada vez hay más matrimonios misioneros -ha asegurado monseñor Francisco Pérez-. Hay un nuevo rostro de la misión donde se observa el papel creciente de los laicos". Los misioneros laicos son bautizados, miembros del pueblo de Dios, solteros, o matrimonios, que sienten una llamada especial dentro de la Iglesia: evangelizar a otros pueblos. Son enviados por las Iglesias locales para transmitir la fe en Jesucristo y para compartir sus capacidades profesionales en los lugares de destino. Y está también el impulso del diálogo entre religiones y del ecumenismo. Los misioneros en los países islámicos son un ejemplo de convivencia y de diálogo. Según cuenta la hermana Matilde Martínez, franciscana misionera de María, con más de 30 años de experiencia en Togo, "existe un gran respeto entre los musulmanes y los cristianos. Hay una relación fraterna entre ellos y nosotros. No vivimos un ambiente de hostilidad. Todos tenemos al mismo Dios". Es el nuevo rostro de la misión. Es la cara del diálogo entre religiones, donde ya no somos enemigos sino hermanos. Es la grandeza de la aportación del misionero: la humanidad de Cristo, que abre el camino a la evangelización, única razón de ser de la Iglesia y de las misiones. |