RetrocesoA&ONº 277/18-X-2001SumarioEspañaContinuar
Gustavo Villapalos habla para Alfa y Omega
Ningún 11 de septiembre
cambia los valores permanentes
Se titula Los valores de los grandes hombres. Sus autores son: Gustavo Villapalos
y Enrique San Miguel. Son 325 páginas, editadas por Planeta Testimonio. Hablamos con Gustavo Villapalos
en su despacho de Presidente de la Fundación Universitaria Española:
Cuál es el meollo del libro?

El propósito de este libro es mostrar cómo los valores se encarnan en personas vivas. Afirmo, al concluir la introducción -que es lo que peor ha sentado a algunos- que, si el conjunto de valores no está agrupado en esa unidad superior que llamamos el bien, y además ese bien no se expresa a través de una doctrina revelada que es la que tiene como depositaria la Iglesia católica, al final hay verdades parciales, revelaciones y conocimientos parciales, pero no vida moral en su integridad. Es verdad que algunos de los personajes del libro no fueron católicos, como Gandhi; pero, en general, lo que trata de mostrar este libro es que la única que articula todo ese conjunto de valores y de bienes es la moral católica. La experiencia del bien y de los valores mejora al hombre, y le hace autorrealizarse. La autorrealización no es esa libertad caprichosa de la que hablan ahora algunos jóvenes: Yo hago ahora lo que me parece, sino que, es objeto realmente de autorrealización en esa unidad que llamamos vida moral; y, además, es objeto de alegría y de satisfacción en la vida.

Todo el mundo habla de valores, pero nadie los define; por eso es interesante encontrar, ya desde la primera página, que valor es voluntad de bien...

El bien no se logra como desean algunos ahora, que parece que está flotando en la naturaleza humana y no hay más que seguir sus impulsos para llegar a él. Bien al contrario, cuesta. Por eso vale. Es valor.

En cualquier periódico que se lea estos días, se insiste en que, tras el 11 de septiembre, numerosos valores han sido totalmente cambiados. ¿Los valores de los que habla este libro son permanentes, o los cambia un 11 de septiembre?

Ni 11 de septiembre ni nada. El Sócrates que conocemos mínimamente a través de Jenofonte, y sobre todo a través de Platón, explica realmente lo buena que es la realización de los valores en la vida humana, y cómo se identifica con la idea de lo bueno y, finalmente, con lo divino; en ese momento dice Laucón: "Ahora me has enseñado, Sócrates, la más alta verdad". Platón puso en boca de Sócrates algo muy claro: que, en contraposición a que todo es relativo y todo cambia (las circunstancias políticas, sociales, etc… hacen cambiar las cosas), primero, los valores son permanentes, porque obedecen a relaciones básicas que existen en el hombre, y se dan siempre en el hombre en todos los tiempos y en todos los lugares, y en miles de 11 de septiembre de la Historia; segundo, que esos valores son perfectamente comprensibles por el hombre; y, finalmente, que la práctica de todos esos valores hace mejorar al hombre, le hace realizarse, en el sentido más noble, y participar en la vida moral, que es una vida superior. Creo que esto era y sigue siendo válido ahora. Borges decía que la Historia es siempre pudorosa en sus fechas. Los 11 de septiembre probablemente no van a cambiar la condición humana, que es la que es.

UN ASUNTO DE MINORÍAS

Circunscribiéndonos un poco a nuestra sociedad, ¿cómo estamos de salud en cuestión de valores? ¿Cabe ser optimista, o hay que ser pesimista?

Vivimos cambios profundos. No me refiero a las circunstancias morales, sino a circunstancias sociales, culturales, de todo tipo. Parece que el suelo de creencias sobre el que el hombre asentaba sus pies, lo sólido sobre lo que nos situábamos en el mundo, de repente se torna movedizo, y entonces parece que el hombre naufraga. Sin embargo, Ortega decía que el náufrago, en esos momentos de crisis de civilizaciones, vuelve a salir a flote nadando. Creo lo mismo. Creo que hay grandes cambios ante los cuales el hombre se siente desconcertado y que afectan a su sistema de referencia moral; pero eso se debe quizás a un factor extrínseco, como son los cambios culturales, políticos… Hoy no tenemos una imagen del mundo físico como la que nos podía dar Planck. El evolucionismo tenía su imagen de la evolución de la vida: Dios ha muerto, pero el hombre es un ser biológicamente necesario. Pues bien, los experimentos de los últimos Premios Nobel de Química nos dicen lo contrario. El hombre no es un ser biológicamente necesario; es precisamente un fallo de los perfectísimos mecanismos de reproducción del ADN lo que hace que lleguemos al hombre. Por lo menos, se ha desmontado esa especie de superchería de Dios ha muerto, pero el hombre es un ser biológicamente necesario. Esa ilusión del darwinismo ha pasado completamente a la Historia, y se ha demostrado que la miseria del positivismo realmente consistió en creer que no sólo era una teoría científica, sino una ideología. Creo que los desarrollos de la ciencia, que cada vez nos van a llevar más a la imposibilidad de una prueba negativa de Dios como creía ingenuamente el positivismo del siglo XIX, de comienzos del XX, y sobre todo que las transformaciones que todavía no vemos muy claro hacia dónde se van a dirigir, van a producir una reformulación quizá de los valores, una presentación de ellos de una forma distinta, y tal vez porque estamos naturalmente en la emergencia de una cultura que quizá vaya a tener muy poco de cristiana, esos valores seguirán -porque son perennes- siendo consciente o inconscientemente vividos por muchísima gente, y conscientemente vividos, como valores cristianos, probablemente por una minoría. Lo ha dicho el cardenal Ratzinger hace poco tiempo, y me parece una intervención absolutamente fantástica. Coincido plenamente con él.

El otro día en conversación con José Manuel Otero Novas, dijo algo muy interesante: hablando de la tolerancia, que por cierto es uno de tantos valores que aparecen en este libro, comentó: Existe la tolerancia porque no existen los demás valores. ¿Está usted de acuerdo?

Con José Manuel Otero siempre coincido en todo. Creo que la tolerancia es un talante social. Bien entendido consiste en una actitud en la que uno trata de ponerse positivamente a favor del otro, no de sus ideas, que pueden estar perfecta y absolutamente equivocadas, respecto de las cuales no cabe transigir ni tolerar nada, puesto que sería claudicación de las propias convicciones; pero la tolerancia es algo que tiene mucho más que ver con los modos de tratamiento social que con los verdaderos valores. La tolerancia mal entendida es esa actitud con la que uno dice: "Yo, como soy tan tolerante, estoy dispuesto a admitir que dos y dos puedan ser veintiséis". Cabe una tolerancia hacia el hombre equivocado, por consideración a la dignidad de su persona y por tratar de llevarle hacia la verdad, no de mantenerle en el error; pero nunca es posible transigir con los valores y con las ideas. Ciertamente que la tolerancia mal entendida tiene graves peligros. Había personas tolerantes que decían en el siglo I: "Quizá lo mejor para el pueblo judío es que crucifiquen a este hombre, que estaba manteniendo unas actitudes extremistas radicales y quizá no haya hecho gran cosa, pero a lo mejor tiene que pagar él para evitar la desaparición de los romanos". Esa tolerancia volvería a crucificar a Cristo. Como creo -rara avis- en la verdad objetiva, naturalmente creo que hay que ponerse positivamente de parte suya, e infatigablemente; ésa es la misión del hombre: el tratar de llevar a la verdad. Yo creo que todos, no sólo los profesores -como se ha dicho, y a veces son los que menos lo hacen-, todo hombre, debe tratar de ser un maestro en la verdad que conoce y alienta en su interior. En este sentido, sí es muy necesaria una tolerancia con las personas, una forma atenuada del respeto, pero no cabe transigencia con los errores.

¿Puede haber una vuelta a los valores?

Estoy convencido de que estamos pasando por una crisis de civilizaciones en sentido amplio, y que habrá ciertamente una vuelta a los valores. Que esos valores sean bien entendidos por la mayoría de la sociedad es lo que yo ya tengo dudas, o más bien pienso que no.

NO INSTRUMENTALIZAR LA RELIGIÓN


No podemos sustraernos en esta conversación a lo que hoy, con razón, preocupa al mundo. Lo que está sucediendo después del trágico 11 de septiembre ¿es un choque de civilizaciones, o no?

Creo que más que choque es -como hubiese dicho Hüntington- un golpetazo de civilizaciones. No sé hasta qué punto. Es un fenómeno complejo. Hay un conjunto de grupos, que pueden estar muy extendidos en otros países islámicos, pero lo que hacen esas personas creo que es atribuible a ellas solas y a determinadas interpretaciones del Corán, que no son ni la única, ni la más extendida. Es verdad que en determinadas zonas, en la propia Arabia Saudí, hay una monarquía muy pro norteamericana, pero la población es radicalmente fundamentalista. Creo que no se puede reducir a eso los graves hechos del 11 de septiembre, que a todo el mundo le pesan y le duelen. Aunque yo sé que es absolutamente impopular decir esto, creo que el pasar de un sistema de equilibrio de potencias a la hegemonía absoluta de una potencia única, lleva como consecuencia los conflictos regionales generalizados. Y eso es la lógica. Ya no cabe, diríamos, una confrontación de dos bloques, pues ancha es Castilla, y vamos a buscar otras formas de actuación. Luego está una reiterada, y quizá equivocada en ocasiones, actuación del poder norteamericano que le ha distanciado enormemente del mundo islámico. Eso no justifica para nada, claro está, los hechos del 11 de septiembre; pero hay que entender los fenómenos con todas sus causas. El sentimiento antinorteamericano en los países islámicos no es una cosa del 11 de septiembre. Hay brotes de fundamentalismo, en mayor o menor medida, en casi todos los países islámicos, con algunas excepciones, y es algo que habría que tratar, ayudando masivamente a una interpretación moderada del Islam, que además de la más antigua, la maliki, de fines del siglo VII y principios del siglo VIII, es la ortodoxa.

Juan Pablo II ha afirmado estos días que la religión no puede ser utilizada como pretexto para la violencia y la guerra...

La religión no ha tenido que ver absolutamente en nada. Ha tenido que ver el conflicto palestino-israelí muchísimo, que es una especie de herida sangrante para todo el pueblo islámico; ha tenido que ver la dureza -justa probablemente- con la que se ha actuado con algunas personas, pero absolutamente falta de legitimidad. A mí me parece excelente que el señor Milosevic esté en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, pero me parece inaudito que Estados Unidos -que no ha suscrito el Tratado y que no somete a sus ciudadanos a la jurisdicción del Tribunal- defienda que se lleven al Tribunal de Justicia a los que considera como delincuentes. Resulta una posición un poco cínica o sorprendente. Es decir, los ciudadanos romanos comparecen sólo ante el César...; pero entonces no puede pretender que los provinciales estén contentos con esa situación. Ni lo han suscrito, ni lo van a suscribir. Todos sabemos que un americano nunca jamás va a comparecer ante ese Tribunal Internacional de Justicia. Esto supone una cierta desigualdad. Son conflictos que tienen una base étnica, territorial, estratégica, política y militar, y en los que el componente religioso es un disfraz. Ni Ben Laden tiene legitimación alguna para invocar que es el brazo de Dios, ni tanta bendición a América como pide de Dios el Presidente Bush... Ha dicho muy bien el Papa: "La religión no puede ser un pretexto".

De su etapa política, ¿qué cosas positivas ha sacado?

He pasado seis años y medio en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, en la que he tenido un contacto con el mundo de la educación que me ha dado una experiencia real de los problemas que desconocía enormemente. No es lo mismo saber si se está de acuerdo o no con una determinada forma de dar la enseñanza secundaria en el bachillerato, que ver los problemas que de verdad se plantean. Creo que se han resuelto muchas cosas. Se ha resuelto la homologación retributiva de los profesores. Decían que lo primero que había que hacer era incentivar al profesorado. El profesorado es el peor pagado de toda España, y usted no lo va a incentivar con monsergas. Creo que nuestro profesorado está ahora en el grupo de cabeza de los profesores bien retribuidos, que no es naturalmente el único motivo para incentivarlo, ya que hay que hacer otras cosas. Las infraestructuras escolares se han aumentado por lo menos en un treinta y tantos por ciento respecto de las que existían. Con la compensación educativa ha pasado exactamente lo mismo. Sobre todo se ha logrado algo muy difícil de conseguir, que es el pacto escolar. Eso del pacto escolar -que siempre se dice que hay que conseguir-, en Madrid se ha conseguido. Firmamos un acuerdo en el cual estuvieron todos los sindicatos y las patronales de la enseñanza pública y de la privada. Es el único texto en el que se ha reconocido la posibilidad de financiar, en determinados supuestos, con fondos públicos los centros privados. Durante estos seis años y medio ha habido una paz social que deseo continue. En todas las cosas de la vida uno pasa por tragos mejores o peores, pero creo que lo único en lo que hay que esforzarse es por hacer verdad ese lema tan bonito de que Hay que vencer el mal con el bien. Como dice san Pablo, no se pueden sembrar males para recoger bienes. Ha sido un período muy gratificante. Mi Presidente, que es un hombre excepcional, me ha respaldado siempre. Es una etapa que ha pasado, y respecto de la cual guardo sólo buenos recuerdos y buenos amigos.

Alfa y Omega