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Una voz clama en el desierto de Afganistán
Jesús Colina. Roma

Juan Pablo II pide paz y la Santa Sede recuerda las condiciones éticas que debe respetar la respuesta a los ataques terroristas.

Una voz clama en el desierto de Afganistán: paz. Es la voz del anciano Papa que, desde que comenzaron los ataques anglo-estadounidenses contra Kabul y otras ciudades del país, se eleva cada vez con más intensidad.

El domingo pasado, por cuarta vez en quince días, Juan Pablo II volvió a pedir rezar "por la paz en esta hora cargada de graves preocupaciones". En particular, ha hecho de la oración mariana del Rosario, al que la Iglesia dedica este mes, la súplica del pueblo católico por el fin de la violencia.

"Con motivo de la situación internacional actual, he invitado a las personas y a las comunidades a rezar el Rosario por la paz -dijo el domingo a mediodía al dirigirse a unos 20 mil peregrinos-. Renuevo también hoy esta invitación, subrayando al mismo tiempo que el Rosario es contemplación de Cristo en sus misterios, en íntima unión con María Santísima".

Juan Pablo II no es un pacifista al ultranza. El Magisterio de la Iglesia prevé bajo estrictas características el derecho a la legítima defensa. El Secretario de Relaciones con los Estados de la Santa Sede, el arzobispo Jean Louis Tauran, ha expuesto a Estados Unidos las condiciones necesarias para que la operación militar Libertad duradera respete los parámetros éticos.

En declaraciones al diario parisino La Croix (12 de octubre), el ministro de Asuntos Exteriores del Papa ilustró la posición de la Santa Sede con estas palabras: "La respuesta a los actos bárbaros del 11 de setiembre no puede ser un acto de venganza, sino de justicia, con el propósito de rectificar la grave injusticia cometida". En concreto, el arzobispo planteó tres condiciones importantes que deben caracterizar la respuesta a los ataques terroristas:

Por una parte, "el uso de la fuerza debe tener objetivos claramente definidos", afirmó.

En segundo lugar -añadió-, una "operación como ésta debe responder a ciertos criterios morales: proteger las vidas inocentes y no hacer de los civiles objeto directo de los ataques".

A continuación -advirtió Tauran-, "el uso de la fuerza debe ser proporcional al daño que se combate, y no simplemente una respuesta a los medios que los adversarios utilizan. El uso de armas de destrucción masiva deben estar siempre excluidos, por su poder de devastar áreas enteras".

Aclaradas estas condiciones, el arzobispo añade: "Reconocemos que la operación Libertad duradera es una respuesta a las agresiones terroristas contra civiles inocentes, actos que violaron todas las leyes internacionales y normas humanitarias. Hoy todos reconocemos que el Gobierno estadounidense, como cualquier otro Gobierno, tiene el derecho de legítima defensa, porque tiene la misión de garantizar la seguridad de sus ciudadanos".

Ahora bien, el prelado insistió en el mensaje que por activa y por pasiva está pronunciando el Pontífice en estos días: la paz no es simplemente la ausencia de la guerra. "Es algo más que un principio -aclaró-. Es un espíritu, involucra la renovación de corazones, requiere la adopción de principios espirituales. Por eso, la Iglesia ve la necesidad de un proceso de educación así como oraciones".